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CAPITULO VI ORGANIZACIÓN DE LA ACCIÓN CATÓLICA

CAPITULO VI ORGANIZACIÓN DE LA ACCIÓN CATÓLICA

SUMARIO: 1. Concepto de organización. – 2. Organización de la Acción Católica. – 3. Principios de organización. – 4. Formas unitaria y federativa. – 5. La organización. – 6. Organismos coordinadores.

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

 

1.-CONCEPTO DE ORGANIZACIÓN. –

La Acción Católica es un apostolado organizado jerárquicamente. Después de haber dado a conocer la naturaleza de este apostolado, debemos referirnos a su organización.

La palabra organización tiene un sentido propiamente biológico. Supone fundamentalmente dos cosas: diferenciación de miembros y unidad de vida.

“El ser organizado, dice Cuvier, forma como un sistema cerrado, cuyas partes concurren a una acción común por una reacción recíproca”.

Los tratadistas de la Acción Católica no han perdido de vista este concepto biológico de la organización. Sobre él y aplicando rigurosamente sus consecuencias, han presentado las propiedades de la organización de la Acción Católica. Mons Pizzardo, ante el Seminario francés, en Diciembre de 1930, define la palabra organización diciendo que, “significa unión de miembros múltiples, cada uno de los cuales tiene su naturaleza, su movimiento y su vida propia; pero todos en conjunto convergen hacia una finalidad común y concurren a la formación de un solo cuerpo, subordinado a la vez a un único principio vital”.

La sociedad también es un organismo, tiene sus miembros múltiples que, en las sociedades elementales, son los hombres; y en las compuestas, las sociedades inferiores con finalidad común. El principio vital intrínseco ordena toda la actividad del organismo a su fin propio, dirigiéndola con la influencia propia de la causa formal; ese principio es la autoridad.

2. ORGANIZACIÓN DE LA ACCIÓN CATÓLICA.-

La organización es un elemento esencialmente constitutivo de la Acción Católica. Sin él no puede ésta concebirse, al menos tal como hoy la presentan los Pontífices, especialmente Pío XI.

“Con el mismo título que el apostolado y el elemento seglar, dice Fontenelle, la organización es un elemento esencial de la Acción Católica”.

Y Mons. Pizzardo confirma la apreciación de Fontenelle, al decir que “la organización, no solamente tiene una importancia particular sino que es el tercer elemento esencial de la Acción Católica”.

No es necesario insistir mucho para llegar al íntimo convencimiento de la eficacia y necesidad de la organización de la Acción Católica,

“La organización, dice el Consiliario general de la Acción Católica italiana, es una exigencia de estos tiempos, responde a las nuevas necesidades”.

Y el Papa Pío XI, hablando a los dirigentes italianos de la Acción Católica, decía: “Es preciso reducir a una unión moral, cada vez más estrecha, todas las ramas de la Acción Católica, verdadero cuerpo orgánico y, por tanto compuesto de partes distintas que no se confunden, pero que concurren todas a una misma vida, teniendo cada una su propio fin, pero con la mira puesta en la unión de los esfuerzos, de pensamiento y de acción, sin la cual no son posibles éxitos halagüeños” (28 de Junio de 1930).

Picar y Hoyois, en su excelente obra “La Asociación Católica de la Juventud belga”, han procurado dar un toque de atención sobre una ciencia especial, aplicada ya a la dirección de las industrias y de los ejércitos y frecuentemente descuidada en las obras católicas: la ciencia de la organización y de la dirección. “No dudamos – dicen ellos – en recomendar a los directores de las obras de apostolado la lectura y estudio de numerosas y excelentes obras publicadas recientemente sobre la organización y la dirección de las empresas industriales”. Allí se nos citan hechos impresionantes de industrias, que, puestas en peligro tras una vida próspera, han vuelto a la- normalidad por la hábil aplicación de estos métodos de dirección. La obra organizada gana en eficacia. Aun suponiendo que cada uno de los elementos que forman parte de la organización no rindiera en la acción conjunta más que en la dispersa e individual, todavía la organización, señalando objetivos comunes y aplicándolos, a la vez, al esfuerzo general, multiplicaría evidentemente el trabajo útil y la eficacia.

Pero como los elementos organizados son hombres, y es en éstos tan importante el factor psicológico, viene a resultar que la organización, no solamente a una la acción individual, en provecho del resultado último, sino que mejora a la vez esta aportación de cada uno, siendo nueva fuente de energía que no podemos desatender.

“Esta organización, dice Pío XI, contribuye a maravilla a producir ese estado de conciencia y conocimiento de pertenecer a un solo organismo, que actuando de poderoso estimulante, alivia el trabajo común, comunica los triunfos y diluye las amarguras del desaliento” (28 de Junio de 1930).

Por eso el Pontífice ha defendido siempre con empeño, la organización misma de la Acción Católica, describiendo cuidadosamente sus cuadros y disipando las dificultades que surgieron en algunos Estados, en los que llegó a pensarse en la -disolución de la Acción Católica, precisamente porque se temía a su formidable organización. “La Iglesia y la Jerarquía, dice en la carta al Cardenal Schuster, que tienen ei derecho y el deber de constituir y dirigir la Acción Católica, tienen asimismo el deber y el derecho de organizaría del modo más a propósito para que pueda conseguir sus fines espirituales y sobrenaturales, atendidas las costumbres y las necesidades de los diversos tiempos y de los diferentes lugares”.

3 PRINCIPIOS DE ORGANIZACIÓN. –

El apostolado de la Acción Católica es un apostolado jerárquico, y por lo tanto, jerárquicamente organizado. Sigue, pues, en líneas generales, la organización misma de la Iglesia. Por eso la Acción Católica tiene base parroquial y es esencialmente diocesana.

Porque dentro de la organización eclesiástica las dos grandes divisiones se resumen en la parroquia y en la diócesis.

Sobre la organización parroquial y diocesana solamente se encuentra la organización universal de la Iglesia, que en razón de la mayor eficacia del apostolado, que tantos puntos de contacto tiene con la vida pública que intenta cristianizar, admite una división superior a la diócesis, formada por cada uno de los Estados, inmediatamente sometidos a una dirección pontificia.

a)  La Parroquia. Se la ha llamado con razón la célula vital de la Iglesia. De ella arranca la organización de la Acción Católica en todas sus ramas. Aplicando a la Parroquia la definición de Acción Católica, podemos decir que la Acción Católica parroquial es “la participación de los seglares en el apostolado del párroco”. La Jerarquía, por tanto, para la Acción Católica parroquial, es el mismo párroco bajo cuya alta dirección debe realizar su programa. Así lo dice expresamente el reglamento de la Acción Católica italiana, en su título III, Art. 29. “El consejo parroquial -dice- tiene carácter de órgano directivo y coordinador de la Acción Católica general de la Parroquia, en lo que concierne a la actividad parroquial, y funciona bajo la alta dirección del párroco”.

El Santo Padre ha dedicado una atención expresa a la Acción Católica parroquial. En el discurso a los predicadores de Cuaresma de 1929, les señalaba el retorno a los deberes parroquiales como un objetivo inmediato, que habían de conseguir en el pueblo; y en audiencias a los fieles de las diversas parroquias de Roma, destacaba el deber de ayuda al Párroco, que incumbe a las organizaciones de la Acción Católica por su valiosa cooperación. Ciertamente que estas Asociaciones de Acción Católica cumplen el programa que Benedicto XV les señalaba al decir “que son los brazos dados por Dios y por la Iglesia a la mente y al corazón del Párroco”.

La base parroquial de la Acción Católica puede entenderse en dos sentidos: ya positivo, ya exclusivo.

En sentido positivo, la base parroquial da a todas las parroquias el derecho de constituir las Asociaciones diversas de la Acción Católica, y concreta la obligación general de llegar a esas organizaciones. En este sentido positivo, todos los tratadistas convienen en suscribir la base parroquial. Cada Parroquia es un centro .de Acción Católica.

Pero los organismos de Acción Católica ¿han de ser .únicamente parroquiales? La cuestión no puede resolverse de una manera general. Ni en los principios de la Acción Católica, ni en su historia, ni en su constitución actual puede fundarse una regla de carácter necesario. Queda, por tanto, al juicio prudente de la Jerarquía, autorizar asociaciones de Acción Católica que no radiquen en alguna parroquia, y sean, por lo tanto, extra-parroquiales. De la misma manera pueden autorizarse Juntas y organizaciones de carácter interparroquial, cuando el Prelado diocesano, para la mejor eficacia del apostolado de la Acción Católica, lo juzgare conveniente. Algún argumento en favor de lo expuesto, puede derivarse de la última parte de la carta al Episcopado colombiano.

b)  La Diócesis. Repetidas veces ha declarado la Santa Sede que la Acción Católica es esencialmente diocesana. Así consta en el documento con que dio por terminado el conflicto entre la Santa Sede y el gobierno italiano, el 3 de Septiembre de 1931. “Los Principios y Bases” publicados en 1934 para la reorganización de la Acción Católica en España, recuerdan el principio de San Ignacio de Antioquía: “Nihil sine Episcopo”, que, aplicado a la Acción Católica, tiene la siguiente glosa:’ “No sólo nada contra el Obispo, sino nada sin el Obispo; es decir, sin su consentimiento y apoyo”.

Por eso el Papa, cuando habla de la Acción Católica en sus empresas y reglamentos particulares, señala el centro disciplinador de toda esta actividad es los obispos de la Iglesia católica. “Considerando todo cuando habéis propuesto -dice a la Presidenta de la Unión Internacional de Ligas femenina- para el ulterior y más vasto desarrollo de la Unión, el Episcopado concederá solícitamente su aprobación plena, a la vez que su apoyo benévolo”. Y al subrayar la subordinación jerárquica de la Juventud de Acción Católica, añadía: “De los consiliarios y de su obra debe poder repetirse lo que tan admirablemente decía San Ignacio: Nihil sine Episcopo. Todo se haga siempre de acuerdo y con filial obediencia al Obispo” (3 de Noviembre de 1929).

Estas palabras no son otra cosa que la aplicación natural a la Acción Católica de lo que de tiempo inmemorial repite el Derecho de la Iglesia. Por él sabemos que el Obispo posee en el orden sacramental la plenitud del sacerdocio, tiene jurisdicción completa en su propio territorio, en el cual no tiene superior jerárquico fuera de la Santa Sede. La dirección, propia y auténtica dirección, que al Obispo compete de la Acción Católica diocesana, no tiene otro límite que el expreso de la dirección pontificia.

La dirección parroquial, diocesana y pontificia actúan inmediatamente en toda la acción católica respectivamente parroquial, diocesana y general, por medio de las Juntas que son, al decir de Pío XI, “sus órganos especiales, cualificados, inmediatos, para poner en práctica sus mandatos, como lo exige la naturaleza de las cosas”   (10 de Mayo de 1926). De ellas hablaremos más adelante.

4.  – FORMAS UNITARIA Y FEDERATIVA. – En la organización práctica de la Acción Católica hemos de distinguir dos formas fundamentales: la unitaria y la federativa. La primera divide a los miembros de la Acción Católica según la división natural del sexo y de la edad; la segunda, agrupa y coordina obras ya existentes, diversas entre sí por sus fines propios, armonizando su actividad y ordenándolas al fin común de la Acción Católica. La organización italiana, pasaba, hasta tiempos muy recientes, por ser el tipo de la organización unitaria. Como tal la presenta Mons. Pizzardo al Seminario francés, atribuyendo el feliz éxito de esta organización a circunstancias diversas, entre ellas a la de haber sido objeto de especial solicitud por parte del Santo Padre.

Como ejemplo de organización federativa puede proponerse la incipiente de la Acción Católica en Inglaterra, que, según la carta pastoral de los Obispos ingleses para la organización de la Acción Católica, tiende inmediatamente a “coordinar”, bajo la dirección de la Jerarquía las diferentes actividades de numerosas asociaciones católicas que ella ha aprobado ya para fines especiales, a fin de llegar inmediatamente esta cooperación mutua a los mejores resultados posibles. “No tiene intención de intervenir en manera alguna en la autonomía y carácter distintivo de las diferentes organizaciones religiosas, cada una de las cuales tiene sus fines especiales y su vocación propia. Se ordena más bien a la coordinación de esfuerzos y a la acción concertada de las asociaciones católicas con un fin común”.

Entre estas dos formas, no cabe dudar que la forma unitaria es la que más ventajas ofrece. La división por razón del sexo y de la edad es la división natural apuntada por el mismo Pío XI en las grandes Cartas sobre la Acción Católica. En la carta al Cardenal Bertram dice “que la práctica de la Acción Católica ha de ser diversa según la e’dad, el sexo y la condición de los tiempos y lugares”. Y en Laetum sane, dice “que es propio de esa Acción formar como una cohorte de ciudadanos probos – hombres y mujeres mayormente jóvenes de uno y otro sexo – que nada estimen tanto como participar a su manera del sagrado ministerio de la Iglesia” (Direcciones Pontificias, 343 al 349. Azpiazu).

Por otra parte, por la organización unitaria mejor que por la federativa se llega a la influencia que el Papa tan gráficamente comparaba con el impulso vital del corazón, que llega de los centros propulsores hasta los últimos capilares, mediante “la disciplina firme”, que es un deber, “deber de sentimiento, de espíritu, de deseo y de acción” (L’Action Catholique, pág. 114).

Últimamente puede aducirse como argumento de fuerza en favor de esta organización unitaria la complacencia con que el Papa habla de “cuantos quieren modelar las nuevas eflorescencias de la Acción Católica sobre lo que se ha hecho en Italia” (Osservatore Romano. 22, 23 de Julio de 1934).

“La organización unitaria puede armonizar con la autonomía, en primer lugar en cada una de las ramas que forman la gran familia de la Acción Católica; autonomía, en cada una de las circunstancias diocesanas y parroquiales en lo que no excede los límites respectivos; y autonomía en todas aquellas secciones que se crean dentro de los cuadros de la Acción Católica para mejor acomodar el apostolado único a los medios en que se actúa”.

“No se trata de unificar sino de coordinar, de unir”. Es el pensamiento fundamental que repite muchas veces en sus discursos el Pontífice: “Cuanto mas grande es el número, tanto mayor es la necesidad que tiene de llevar consigo el aglutinante que les recuerde siempre las grandes líneas sobre las cuales han de apoyar y unir todas las actividades en unidad orgánica: de las unidades menores a las unidades mayores y a la unidad plenaria”.

5.-LA ORGANIZACIÓN. – Hasta ahora nos hemos referido a la organización general de la Acción Católica. En cuanto a la organización de la Acción Católica chilena, refiriéndonos al tema que actualmente tratamos, dicen los Estatutos generales de nuestra Acción Católica, en su Art. 29: “Para la consecución de estos fines (afirmación, difusión, actuación y defensa de los principios católicos en la vida individual, familiar y social): La Acción Católica chilena tiene por base los elementos esenciales constitutivos señalados a la Acción Católica por Su Santidad Pío XI: a) organización a base unitaria, nacional, diocesana y parroquial; b) coordinación de todas las fuerzas católicas organizadas que realizan apostolado externo. Por tanto se propone:

1)  Unir a los católicos chilenos en diversas asociaciones específicas,  adecuadas  a la  edad y  condición social  de sus miembros,  donde  todos,  debidamente organizados  y  debida mente formados y preparados, pueden cumplir, bajo la apli cación de normas comunes, con el sagrado deber de apostolado, orando, trabajando y sacrificándose   (S. S. Pío XI).

2)  Coordinar, mediante la   adhesión a las instituciones católicas de piedad, de cultura religiosa, de beneficencia y de carácter económico social que  tengan entre sus fines algún apostolado externo.

3)  Formar un   plan general de trabajo  para la  acción organizada de los católicos en que, respetando la autonomía de las diversas instituciones, señaladas en el número anterior, se obtenga una mayor coordinación y un mejor aprovecha miento de  todas las fuerzas católicas organizadas.

4)  La organización ideal. En el título: “Organización de la Acción Católica chilena” se lee en su Art. 13:  “Los católicos chilenos entran a formar parte de la  Acción Católica chilena,  ingresando,  según sus  características  individuales y sociales y según los requisitos exigidos por los reglamentos correspondientes,  a una de las siguientes  organizaciones nacionales:

a)  Asociación de Hombres Católicos;

b)  Asociación de Jóvenes Católicos;

c)  Asociación de Mujeres Católicas; y

d) Asociación de la Juventud Católica Femenina,

Bajo su dirección y responsabilidad cada una de estas Asociaciones podrá tener diversas Secciones o bien otras asociaciones según lo que se disponga en los respectivos Estatutos y reglamentos.

Éstas organizaciones Nacionales constituyen la “Acción Católica oficial de la República de Chile”. Todas las organizaciones de Acción Católica se reducen a una de estas cuatro ramas fundamentales. Las que por su afinidad con algunos de los fines de la Acción Católica pudieran cooperar a su fin genérico de apostolado, pero que por su propia organización no forman parte de la Acción Católica oficial, deben estar conectadas con la Acción Católica parroquial y diocesana en una u otra forma. Estas obras reciben el nombre de. obras adheridas. Las conexiones de las obras adheridas suelen realizarse a través de la Unión diocesana, constituida por, miembros de condición análoga a la suya. Cuando esta condición es diversa, la conexión puede verificarse por medio de la Junta diocesana correspondiente.

He aquí lo que sobre el particular disponen nuestros Estatutos: “Las obras coordinadas mediante la adhesión a las cuales se refiere el Artículo 2<? de estos Estatutos, constituyen las “Obras auxiliares de la Acción Católica” oficial de la República de Chile. El “Reglamento de Adhesión” de dichas obras de la Acción Católica, forma parte integrante de los presentes Estatutos generales”.

6.  – ORGANISMOS COORDINADORES.-Son las llamadas Juntas de Acción Católica, que en sus tres planos, parroquial, diocesano y central, dirigen la Acción Católica.

 

En ellas suelen estar representadas las diversas ramas de Acción Católica y tienen un fin predominantemente coordinador.

En contacto íntimo con la Jerarquía que constituye “su centro disciplinador”, las Juntas ejercen verdadera autoridad dentro de los límites de su función coordinadora.

Esa dirección supone estudio y vigilancia y lleva consigo frecuentemente iniciativas comunes que den impulso a la Acción Católica general.

Por otra parte, la Junta de Acción Católica puede llevar la representación general de los católicos ante las instituciones y las personas públicas y privadas. La estrecha unión de la Acción Católica con la Jerarquía eclesiástica y la misma Iglesia hace razonable este alto honor que muchos de los reglamentos explícitamente atribuyen a la Acción Católica al detallar las funciones de las Juntas.

Así, podemos decir que, en plano parroquial, bajo la alta dirección del Párroco, corresponde a la Junta parroquial de Acción Católica el coordinar las actividades de las diversas ramas en la respectiva parroquia, dictando para ello las directivas pertinentes y la de llevar a efecto dentro de los límites de la misma las disposiciones generales acordadas por la Junta diocesana.

De manera semejante ésta cumple las mismas funciones con respecto a la Acción Católica diocesana, bajo la dirección episcopal, y la Junta central bajo la dirección pontificia de Acción Católica.

La Junta, por tanto, “dirige y es a la vez dirigida”, según la fórmula feliz de Pío XI. Quizás el mejor comentario de ella, lo constituyan estas palabras del Cardenal Gasparri, en la Carta Mi sonó recato de 2 de Octubre de 1923: “Y puesto que la actividad de los Católicos organizados, en cuanto constituyen la participación de los seglares en la misión propia de la Iglesia, no es una acción política sino religiosa, no directora en el orden teórico, sino ejecutora en el orden práctico, es necesario que las varias formas de actividad encuentren en la Jerarquía su centro disciplinador. Por eso funcionan los Consejos parroquiales, las Juntas diocesanas y la Junta Central con dependencia directa de la Jerarquía eclesiástica. Naturalmente estos organismos deben tener, respecto a las varias Asociaciones o ramas, funciones elevadas y de autoridad, supuesto que de esa manera únicamente todas las energías de los Católicos tendrán una dirección única y un vigoroso impulso”.

Las líneas generales de organización de toda la Acción Católica se van repitiendo también en cada una de las ramas. Por ello, sin entrar ya en la descripción de sus reglamentos, hemos de pasar a tratar de los fines generales de la Acción Católica.

Nuestros Estatutos en su Art. 14, disponen acerca del tema lo siguiente: “Las cuatro Asociaciones se regirán por estos Estatutos generales de la Acción Católica en la parte que les incumbe, y por los Estatutos y reglamentos propios aprobados por el Episcopado. Para su acción interna y específica, en virtud de dichos reglamentos, tendrán sus propios organismos directivos bajo cuya dirección procederán con plena autonomía en cuanto a la consecución de sus fines propios, y sobre todo, en cuanto a la formación y preparación de sus miembros en el ejercicio de sus deberes de la Acción Católica. Para la consecuencia de los fines comunes de toda la Acción Católica y la coordinación de sus actividades, procederán bajo la dirección superior de la Junta Nacional de la Acción Católica.

Centros directivos coordinadores (art. 15). La acción común de la Acción Católica chilena estará dirigida por una Junta Nacional para todo el país, la cual, para esa acción común, ha recibido autoridad en las diócesis o territorios por delegación del Episcopado chileno; una Junta diocesana o territorial en la Diócesis o Vicaría Apostólica, la cual ejerce sus funciones propias bajo la autoridad del respectivo Ordinario del lugar; y una Junta Parroquial en la Parroquia, la cual bajo la dirección superior del Párroco, desarrolla las funciones que le están encomendadas.

Las Juntas diocesanas o territoriales se hallan bajo la directa dependencia de la Junta Nacional. Las Juntas parroquiales por medio de las Juntas diocesanas o territoriales a que están subordinadas, tienen igual dependencia. Sin embargo, la Junta Nacional ejerce sus funciones por medio de las Juntas diocesanas o territoriales, y no directamente.

Podemos resumir este capítulo sobre la organización de la Acción Católica, con aquellas palabras de Pío XI al Cardenal Segura: “Como la Acción Católica tiene naturaleza y finalidad propias, así ella debe tener una propia organización, única disciplinada y coordinadora de todas las fuerzas católicas, de modo que cada una por su parte guarde y cumpla escrupulosamente las obligaciones y los puestos que le son encomendados y todas juntamente coordinen su actividad dentro de una justa dependencia de la Autoridad Eclesiástica”.

Palabras que Mons. Pizzardo, comentó de esta manera ante el Cardenal Verdier y varios Obispos franceses: “La Acción Católica propiamente dicha y de la cual nosotros hablamos, es, por decirlo así, una cosa canónicamente definida. La organización y la coordinación son, pues, los elementos esenciales constitutivos de la Acción Católica y justifican su existencia y su eficacia”.

“Ahora bien, esta organización que vemos en la Iglesia y en la Jerarquía, es de orden providencial, es querida por Dios como condición del progreso del Evangelio y de la propagación del reino fíe Cristo. San Pablo en la primera carta a los Corintios nos da, por decirlo así, un comentario inspirado de la organización de la Acción Católica, semejante a la de la Iglesia católica: Multa quiclem membra, unum au-tem corpus. “Muchos miembros pero un solo cuerpo” (Beytía “Apostolado de los Seglares”). (I, 12, 20).

 

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