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Hay que cuidar las formas

Hay que cuidar las formas

POR PEDRO J. BELLO GUERRA

Periodico AM Queretaro, 10/02/08

La cordialidad, gentileza y buenos modos son la llave que nos abre el corazón de los demás y su disposición para escucharnos, aún en aquellas cosas que pueden ser dolorosos o incómodas.

Algunas veces silos padres en vez de ordenar a los hijos con modos autoritarios que suenan a regaño, pidieran las cosas por favor, les enseñarían a obedecer con gusto. Si además de dar algunas razones nos enseñaran con el ejemplo y con sus palabras que cuando amamos alguien estamos dispuestos a ayudar, a servir, a hacer esfuerzos y sufrir cansancio con gusto.

Y qué decir si cuando tenemos que dar una mala noticia, tratamos de suavizar nuestras palabras, por ejemplo: cuando un alumno se ha peleado con un compañero o reprobó un examen, podríamos al entrevistarnos con sus padres hablar también de los puntos fuertes de su hijo, de sus logros o de que confiamos en su mejora académica o de conducta si nos comprometemos en poner las medidas adecuadas. ¡Qué diferencia para unos padres de familia cuando se les da esperanzas con su hijo y no un comunicado de que su hijo está desahuciado y sin remedio.

También podríamos decir que cuando un hijo nos da una mala noticia -dejó la escuela porque quiere trabajar, tuvo un accidente en el coche por manejar imprudentemente, embarazó a la novia, etc., quizá nuestra primera reacción podría ser de mucho enojo o decepción y podríamos llegar a decir palabras hirientes que difícilmente olvidará el hijo; sin embargo, sien vez de ello respiramos hondo, primero preguntamos cómo está él o ella, les brindamos apoyo y calidez y ya después le hacemos ver las posibles consecuencias de sus actos y el que asuma sus responsabilidades, quizá el hijo aprenda de sus errores, evite en lo futuro darnos dolores de cabeza, y sobre todo se sienta amado por sus padres por lo que es -nuestro hijo- y no por lo que hace -aciertos o errores-.

Y ni se diga de nuestra profesión, si como contadores tenemos que dar una mala noticia a un cliente, hay que hacerlo, pero podría ser más amigable si le mostramos empatia y sugerimos algunas alternativas de solución. Lo mismo vale para un abogado, un médico, un administrador, etc. Las malas noticias son siempre malas noticias, pero se hacen mas llevaderas cuando encontramos gentileza y empatia que quine nos la dice y una mano amiga que nos brinda su apoyo o un hombro en quien llorar o desahogarnos.

La siguiente anécdota es una muestra de que el modo de plantear las cosas hace una gran diferencia entre la versión pesimista y la optimista, entre la seca y cruda y la empática, entre decir imprudentemente las cosas o decirlas con tacto y delicadeza.

“Una mañana, como pasaba muchas veces, el califa Harun al-Rashid llamó a un adivino y le contó el siguiente sueño:

-Soñé que todos mis dientes caían uno tras otro y, al final, mi boca se quedaba sin dientes. ¿Qué piensas de esto?

-¡Oh señor! No es un buen signo. El sueño significa que tus parientes morirán antes que tú y tú te quedarás solo -anunció el adivino.

El califa se entristeció tanto y se enfureció a tal punto que ordenó desaparecer de su vista al adivino; ya no lo quería ver. Después contó su sueño a otro mago.

-¡Oh, mi señor! Es un bonito sueño: anuncia que tu vida será muy larga, que sobrevivirás a todos tus parientes y vivirás más que todos! -le dijo el mago.

El califa, muy contento, exclamó;

-¡Qué bonito sueño! -y dio cien denarios al experto que lo había interpretado tan bien.

Luego llamó al visir y le ordenó que buscara al primer adivino y le pidiera perdón por la manera como lo había echado de su palacio.

Después de todo, el primero le había revelado la misma cosa. Sólo se había equivocado en la manera de decírselo. Finalmente lamas cruda verdad se puede también decir de manera gentil, pues como dicen: la cortesía es la inteligencia del corazón”.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx


¿Qué piensas, lector, sobre la limosna?

Daniel, el menor de sus hermanos, regresa feliz a casa con unos zapatos muy viejos. Tanto así que su mamá le pregunta por qué. -Me encontré a Felipe y yo le pregunté por qué sus zapatos tan viejos… –Mi mama no tiene para comprarme otros, me dijo… Nos sentamos en la calle y se probó los míos. Le venían bien nos los cambiamos y Felipe se fue feliz… La mamá de Daniel, entre perpleja y gozosa… Era “algo” de lo que sus padres sembraban. Seguir las huellas de Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros.

Me parece que estamos cerca de entender esa difícil lección de vida cristiana que se llama la limosna. Difícil en sí y doblemente de valuada. Devaluada cuando se busca más la satisfacción del donante, que el bien del necesitado. Éste permanece anónimo en la penumbra, mientras el donante se divierte en una fiesta que mañana se hará pública como evento social. Más devaluada ahora, cuando tantos reprochan a los que dan limosna que así cultivan holgazanes. Es curioso, lo reprochan quienes, sin hacer nada por los demás, contemplan en el inevitable semáforo -rostro severo- desde su confortable vehículo climatizado, la mirada débil del pobre, siempre a la intemperie…

¿Qué piensas, lector, sobre la limosna? ¿Estás seguro de tu postura negativa? ¿Cómo conjugas la caridad de Cristo y la práctica de la limosna hoy? En su mensaje para la Cuaresma de este año 2008, Benedicto XVI nos vuelve a encender con la fe las luces, tal vez mortecinas, de la razón. A cada uno nos toca reflexionar con valentía y actuar, no dando por tan seguro que pensamos bien y todo lo hacemos bien.

Leemos sorprendidos: “Invitándonos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos enseña que ‘hay mayor felicidad en dar que en recibir’ (Hechos 20,35). Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf. 2 Corintios 5,15). Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor, y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría”.

Viajábamos por la ciudad. El dueño del vehículo obsequió unos pequeños mazapanes a la niñita –cara sucia y mirada limpia- que vendía chicles, y me explicó: es costumbre de mi esposa y mía…

Regresemos al mensaje papal de Cuaresma: “La limosna educa a la generosidad del amor (…). Al respecto es significativo el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria, echa en el tesoro del templo ‘todo lo que tenía para vivir’ (Marcos 12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da lo que posee sino lo que es. Toda su persona. Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días inmediatamente precedentes a la Pasión y Muerte de Jesús, el cual, como señala San Pablo, se ha hecho pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Corintios 8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros”.

Tuve la dicha de convivir con san Josemaría. Con frecuencia hacía que nos llevaran de la mesa de su comedor un postre que le habían obsequiado y él deseaba para nosotros. Y este recuerdo me trae a la memoria un detalle más de su vida. Regresaba de hacerse unos análisis clínicos en ayunas. Se detuvieron en una cafetería romana para que desayunara. Servido el ligero desayuno que llaman continental, una mujer pobre se acercó a la mesa pidiendo limosna. La miró con afecto y consiguió que se llevara su desayuno, sin consentir él que la cafetería se lo repusiera, como la responsable y quienes lo acompañaban deseaban: éste fue su gran desayuno…

Al referirse Benedicto XVI a la mujer que dio aquella limosna pequeña -sí, pero era todo lo que poseía-, siguen brillando las luces: “La Cuaresma nos empuja a seguir su ejemplo, también a través de la práctica de la limosna. Siguiendo sus enseñanzas podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total; imitándole conseguimos estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. ¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el único mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno”.

Pero, ¡propósitos personales… ingeniosos porque el amor es ingenioso, para esta cuaresma! Todo, menos acostumbraros mezquinamente a no dar, o dar poco, ni darnos nosotros. La Cuaresma 2008 es palestra heroica, escuela de virtudes y entrenamiento, para todo el año y para siempre, a vivir en la generosidad del amor. Es tiempo de rectificar y tirar hacia arriba. Ocasión de darnos nosotros a Cristo y a los demás con el don que ofrecemos -sin hacer notar el sacrificio-, y más allá del poco valor aparente de la dádiva.

E-mail: epalafox@buzon.com

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Categorías:Cuentos para educar
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