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La señal

La señal

Por Pedro J. Bello Guerra.

Periodico AM Queretaro, 08/08/03

 

Un náufrago desafortunado llegó a la playa de una pequeña isla desierta aferrado a uno de los restos del barco en el que viajaba antes de ser sorprendido por una violenta tempestad. La isla era árida e inhóspita. El pobre hombre se puso a rezar. Pedí a a Dios con todas sus fuerzas que lo salvara y todos los días miraba el horizonte con la esperanza de que llegara alguien que lo auxiliara. Pero no llegaba nadie.

Pasados algunos días, comenzó a organizarse.

Trabajando y sufriendo, logró hacerse algún instrumento para cazar y cultivar; con muchísimo esfuerzo logró encender fuego, se construyó una cabaña y logró ponerse al abrigo de las tempestades.

Pasaron algunos meses. El pobre hombre no cejaba en su oración, pero ningún barco aparecía en el horizonte.

Un día, un golpe de de viento sobre el fuego hizo que se prendiera el petate en que dormía. En pocos instantes todo se incendió. Una densa humareda subió al cielo.

En pocos minutos, todo el esfuerzo de meses se convirtió en un montón de cenizas humeantes.

El náufrago, que había intentado en vano salvar algo de las llamas, se arrojó llorando de rabia en la arena.

“¿Por qué, Señor? ¿Por qué ahora esto?”

Pocas horas más tarde, un enorme barco se acercó a la isla y un bote vino a rescatarlo.

-¿Cómo pudieron saber que yo estaba aquí?

– preguntaba incrédulo el náufrago.

-Vimos las señales de humo – le contestaron”.

A menudo, los obstáculos que se nos presentan son oportunidades para crecer, o bien un paso necesario para la siguiente etapa en nuestra vida. ¿Cuántas veces el dolor de una herida es señal de que la reconstrucción penosa de los tejidos dañados de nuestro cuerpo va por buen camino?

El elegir un trabajo que dé más tiempo para la familia aunque menos ingresos; el perder parte de nuestra “libertad” cuando nos comprometemos en matrimonio o con una institución o trabajo; el “elegir” la paternidad o maternidad por encima de una oportunidad de despuntar en el trabajo; son todas ellas experiencias de decisiones costosas que, sin embargo, son parte de la vida, de la madurez y de la conquista de la auténtica felicidad.

 

Otras veces, los problemas que se nos presentan no son el precio por la conquista de la felicidad sino el pago de la deuda por errores del pasado, pero que una vez saldada nos permiten continuar por buen rumbo; cuando es este el caso, a graves problemas se requiere de soluciones radicales, por ejemplo: a veces la mejor manera de salvar la vida cuando hay gangrena es la amputación de un miembro; otras veces la rehabilitación del alcoholismo requiere el gran sacrificio que implica renunciar de por vida ala bebida; a veces una mala compañía, un noviazgo enfermizo, un relación laboral desgastada, implican un sufrimiento purificador al terminar definitivamente con esa relación que tanto daño hace.

Las señales de humo son indispensables para encontrar en la inmensidad del mar a un náufrago, de igual manera, las señales de nuestras carencias, aflicciones, y dolencias son indispensables para recibir ayuda: debemos aprender a confiar en los demás, a abrir el corazón con personas de confianza y pedir ayudas, sólo así podremos evitar el naufragio de nuestro matrimonio, el naufragio de un hijo descarriado, el naufragio de unos estudios, el naufragio de algún ser querido en manos del alcohol, la droga, la violencia, la deshonestidad, la delincuencia, la desesperanza, el suicidio…

Dice Bruno Perrero, como corolario a la anécdota del náufrago, dirigiéndose a los creyentes: “tus problemas de hoy son señales de humo para la gracia futura. Dios acudirá a salvarte.

-¿Cuál es el camino más corto para encontrar a Dios

-Andar en silla de ruedas -contestó un hombre sin piernas”.

Y ciertamente la salida más corta, y la única salida válida y digna del ser humano, para salir de los problemas es afrontarlos retos, caminar por la vida con la frente en alto, con decisión firme y fe profunda, dispuesto a hacer cuanto le toca y a ponerse confiado en las manos de Dios en todo aquello que rebasa sus fuerzas.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

 

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Categorías:Cuentos para educar
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