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El secreto de la felicidad

El secreto de la felicidad

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Periódico AM Querétaro 13/07/08

 

Con cierta frecuencia nos preguntamos si existe un secreto para alcanzar la felicidad. En otras épocas se llegó a pensar que ese secreto era ‘la fuente de la eterna juventud” o el “elixir de la vida”, que en nuestra época sería algo así como los avances científicos que detendrían el envejecimiento y la muerte, y nos permitirían curar cualquier tipo de enfermedades. La felicidad así entendida estaría en la salud y la inmortalidad.

Los alquimistas pensaron que el secreto estaba en hallar la “piedra filosofal”, objeto mágico para algunos o conocimiento para otros, que permitiría transformar los metales corrientes en oro; es decir, el secreto de la felicidad estaría en producir abundantes riquezas materiales.

Algunos más pensaron que la felicidad estaba en vivir y disfrutar el momento sin preocuparse por el mañana ni de las consecuencias, en el famoso “carpe diem”; que visto hoy sería como tener acceso a lujos, placeres y comodidades sin preocuparse por el pago de la deuda, no sólo material sino también física y espiritual, pues el cuerpo y el alma siempre nos pasan factura ante los abusos que cometemos contra ellos.

Finalmente, algunos más han buscado la felicidad haciendo el bien, esforzándose por llegar a la verdad y contemplando y acrecentando la belleza y armonía del mundo; aunque no pocos se quedaron con una visión reduccionista que se centraba en el cumplimiento del deber, tan centrados en alcanzarla meta, que se olvidaron de disfrutar del “camino” y de convivir con los “compañeros de viaje”, como en la siguiente historia de Bruno Perrero:

“Un joven preguntó al más sabio de todos los hombres el secreto de la felicidad. El sabio aconsejó al joven dar una vuelta por su palacio y regresar después de un par de horas .

-Sólo te pido un favor -dijo el sabio al entregarle una cucharita en la que echó dos gotas de aceite-. Mientras caminas,  lleva esta cucharita sin derramar el aceite.

Después de dos horas el joven regresó y el sabio le preguntó :

-¿Viste los tapices de mi comedor? ¿Viste mis bellos pergaminos, mis magníficos jardines?

El joven, avergonzado, confesó no haber visto nada. Sólo se había preocupado de no derramar las gotas de aceite.

– Regresa y mira las maravillas de mi mundo -dijo el sabio.

El joven tomó la cucharita y otra vez dio un paseo por el palacio y ahora sí observó las obras de arte. Vio los jardines, las flores y las montañas. Volvió con el sabio y le contó detalladamente todo lo que había visto.

– ¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te encomendé? -preguntó el sabio.

Mirando la cucharita el joven se dio cuenta que las había tirado.

-Pues bien, éste es el único consejo que tengo que darte -concluyó el sabio- El secreto de la felicidad felicidad consiste en apreciar todas las maravillas de mundo sin olvidarte jamás de las dos gotas de aceite”.

Esta anécdota nos recuerda que la felicidad tiene una doble dimensión: por una parte es bueno disfrutar de todas las maravillas del mundo a nuestro alcance; que para algo las puso allí el Creador: alimentos, energéticos, minerales, mares y ríos, flores, montañas…, y también es bueno disfrutar de lo que la actividad humana transforma en la naturaleza, añadiendo un nivel de perfección, una especie de “transmisión de su propia humanidad” al arte, la ciencia, la tecnología y la cultura.

Sin embargo, la clave de la felicidad está en no olvidar la segunda dimensión, por la cual además del disfrute está el compromiso, la entrega y la responsabilidad por amor, con una misión en el mundo: las “gotas de aceite” que recibimos en custodia y como vocación, y, como dice el cuento, de las que no debemos olvidarnos jamás.

Pero ¿qué pueden importar dos insignificantes gotas de aceite?, quizá porque el aceite es un símbolo de cosas muy valiosas como el cariño y delicadeza con que se lubrican las relaciones humanas; el compromiso que nos lleva a hacer lo que debemos y no sólo lo que nos agrada; el cuidado que hay que tener de no manchar o contaminar el mundo con el aceite de nuestras acciones; el no desperdiciarlos dones recibidos e irlos tirando irresponsablemente por la vida y, sobre todo, el preservar y acrecentar toda la riqueza que recibimos.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar
  1. acd
    agosto 27, 2008 en 7:44 pm

    q tal!

    me parecio una muy buena historia!!

    la felicidad es muy importante para la vida, pero tambien es mi tarea xDDD…

    grax!!!

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