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Orar en el Mundo obrero semana 15 T.O.

ORAR EN EL MUNDO OBRERO 15ª SEMANA DEL T.O. (15 de julio 2012).
VER:
No existe un solo Madrid,
ni una sola ciudad en ninguna ciudad del mundo.
Existen siempre, al menos, dos ciudades:
la de los -digamos para abreviar- “ricos”
y la de los “pobres”.
“La de los ricos” suele publicitarse
en campañas impúdicamente costosas.
La de los ciudadanos de a pie no suele aparecer…
ORAR EN EL MUNDO OBRERO
Ciclo “B” (2011-2012)
15ª SEMANA DEL T.O.
(15 de julio 2012)
Con esa fe caminamos.
Nos hemos puesto las sandalias
y hemos cogido el bastón del caminante.
No somos criados al servicio de
una institución que paga,
ni jornaleros de ningún tipo de empresa,
sino voluntarios mesiánicos,
y así vamos, ligeros de equipaje,
simplemente con lo puesto,
porque sabemos que todo es de todos.
La misma pobreza nos hace solidarios.
¿Verdad?
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15 de julio de 2012
15º domingo Tiempo ordinario (B)
Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15
Ve y profetiza a mi pueblo.

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R. 8)
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,3-14
Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,7-13
Los fue enviando.

Enviados a evangelizar.
Este domingo la Palabra de Dios se centra en la “misión”.
Dios escogió a Amós sacándolo de sus tareas de pastor
y lo envió a profetizar a la casa de Israel (1 lect.).
Jesús envió a los Doce a predicar la conversión (Ev.).
Nosotros hemos sido elegidos antes de la creación del mundo
a ser santos e irreprochables ante él por el amor. (2 lect.).
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Publicado por Blogger para HOAC DE CÁDIZ Y CEUTA el 7/09/2012 01:38:00 PM

En el nombre de Dios
¡Basta ya de desahuciar a las familias!
“No negarás justicia al pobre” (Ex 23,6)
A los políticos, banqueros y a todos aquellos que participan directa o indirectamente en el desahucio de viviendas:
La crisis financiera está llevando a miles de familias a tener grandes dificultades para pagar la hipoteca de su vivienda. La vivienda no es sólo ladrillo y cemento, es un hogar donde se ha materializado un proyecto familiar, es un espacio en el que todo adquiere un significado afectivo y existencial: el amor de la pareja, los momentos felices y duros, el nacimiento de un hijo… Es el lugar vital donde la familia encuentra el cariño, el descanso y la tranquilidad.
Las familias han ido pagando sus hipotecas mientras alguno de sus miembros ha tenido un trabajo. La pérdida de éste les ha supuesto no poder cumplir con la cantidad mensual establecida. Esto ha provocado que los bancos y cajas de ahorros, a través de demandas judiciales para desahuciar, estén provocando un sufrimiento a la sociedad en aras de sus beneficios. En estas actuaciones muestran que el sistema financiero no tiene corazón, máxime cuando ha sido uno de los causantes fundamentales de esta crisis. Los bancos y las cajas han recibido muchísimo dinero público para tapar sus agujeros, que ellos mismos han provocado buscando el máximo y rápido beneficio. Estas demandas judiciales tienen amparo legal en una Ley Hipotecaria que no defiende ni ampara a la persona ni a la familia. Muchas familias han sido echadas a la calle, con el agravante de no concederles la dación en pago (cancelación de la hipoteca con la entrega de la vivienda), lo cual las deja sin futuro. No pueden volver a reiniciar sus vidas. ¿Qué futuro pueden darles a sus hijos si están en paro, o con un trabajo precario, y además con una deuda de miles de euros?
Pedimos a los bancos y cajas que no ejerzan la demanda de desahucio, sino que busquen soluciones con las familias y las administraciones, que permitan a las familias poder seguir disfrutando de su hogar. En este sentido, valoramos el trabajo y el compromiso de las plataformas de afectados por la hipoteca.
También, pedimos a los jueces, secretarios/as judiciales, comisiones judiciales y fuerzas de orden público una gran sensibilidad y respeto ante estas situaciones. Que sus actuaciones no supongan un mayor sufrimiento a las familias. Que no olviden que echar a una familia a la calle sepulta la dignidad humana, por muy legal que sea.
Exigimos a los gobernantes que estén al servicio de los ciudadanos y del bien común (cf. Caritas in Veritate, 36). Es escandalosa la sumisión de la política a la economía. Que cambien ya la ley, que paralicen los desahucios ante esta situación social, concedan por ley la dación en pago y se establezca el alquiler social. Miles de familias viven hacinadas, con todo lo que eso supone, en casas de sus padres y otros familiares. El derecho a la vivienda, además de ser un derecho constitucional y un derecho humano, está recogido ampliamente por la Doctrina Social de la Iglesia. Así por ejemplo en la Carta de los derechos de la familia de 1983, en el art. 11 se recoge:
La familia tiene derecho a una vivienda decente, apta para la vida familiar y proporcionada al número de sus miembros, en un ambiente físicamente sano que ofrezca los servicios básicos para la vida de la familia y de la comunidad”
(cf. también Familiaris Consortio, 46; Pacem in Terris, 11).
Les exigimos, por tanto, a los políticos, que protejan a las familias.
Y por último, pedimos que todos pongamos en el centro de nuestras actuaciones y decisiones a la persona y su dignidad, porque el ser humano no es mercancía, sino que “es el centro y fin de toda la vida económica y social” (Caritas in Veritate, 25). Desde la fe cristiana consideramos a cualquier persona imagen de Dios y por tanto, merecedora de respeto, justicia y fraternidad.
Murcia, mayo de 2012
Sacerdotes, religiosos, religiosas,
misioneros y misioneras de la Diócesis de Cartagena
Categorías:HOAC

Santísima Trinidad, Orar en el mundo obrero

C. Permanente HOAC                    Orar en el mundo obrero                          Santísima Trinidad

http://hoacorihuelaalicante.blogspot.com/p/orara-en-el-mundo-obrero.html

ORAR EN EL MUNDO OBRERO

SANTÍSIMA TRINIDAD (19 junio 2011)

La Tri-unidad Divina es el misterio inefable de Vida/Amor

que nos hace ser, nos sostiene,

nos acaricia y nos entraña a todos, juntos,

como hijos/as y hermanos/as.

VER

“Si hay un dios que adoran políticos, economistas y muchos sindicalistas, ese dios es el de la competitividad. Cualquier persona con dos dedos de cabeza sabe, sin embargo, en qué se han traducido, para la mayoría de quienes están aquí, las formidables ganan­cias obtenidas en los últimos años en materia de competitividad: salarios cada vez más bajos, jornadas laborales cada vez más prolongadas, derechos sociales que retroceden, precariedad por todas partes.

No es difícil identificar a las víctimas de tanta miseria. La primera la aportan los jóvenes, que engrosan masivamente nuestro ejército de reserva de desempleados…

La segunda víctima son las mujeres, de siempre peor pagadas y condenadas a ocu­par los escalones inferiores de la pirámide productiva, a más de verse obligadas a cargar con el grueso del trabajo doméstico. Una tercera víctima son los olvidados de siempre, los ancianos, ignorados en particular por esos dos maravillosos sindicatos, Comisiones y UGT, siempre dispuestos a firmar lo infirmable. No quiero olvidar, en cuarto y último lugar, a nuestros amigos inmigrantes, convertidos, según las coyunturas, en mercancía de quita y pon. Estoy hablando, al fin y al cabo, de una escueta minoría de la población: jóvenes, mujeres, ancianos e inmigrantes” (Carlos Taibo, Intervención en la manifesta­ción del 15 mayo en la Puerta del Sol, en Redes Cristianas 21/5/11).

En la oración nos engolfamos (Teresa de Ávila) en la Comunión de Vida/Amor de Dios, a la vez que nos engolfamos en la avenida andante de la sociedad humana. Porque Dios es indisociable de la humanidad y acoge y recoge los clamores por la dignidad y la justicia de los empobrecidos.

La oración es comunicación con el Dios Vida/Amor en la creación y promoción de vi­da/amor en nuestra sociedad.

Comulgando con quienes anhelan y labran un futuro más humano, comulgamos también, en Jesucristo, con el Dios de la Comunión Trinitaria.

Testimonio (compartido por Pepe Mairena en la reunión de Consiliarios de Anda­lucía el 29/4/2011)

  • En la parroquia, desde Pastoral Obrera, se pone en marcha una Plataforma de Para­dos del Polígono Sur (Sevilla).
  • Se desarrolla un Centro de Interés sobre cómo está afectando la crisis económica a las familias del barrio, después de realizar una encuesta domiciliaria.
  • El día 14 de abril tuvo lugar otro Centro de Interés, Prisión y Familia, sobre la nueva ley penal.
  • Se invitó a una Revisión de Vida a toda la parroquia; participaron unas 40 personas.
  • Se está preparando un cómic sobre la crisis económica.
    • Comunicación en las reuniones de arciprestazgo de realidades del mundo obrero y de la Pastoral Obrera.

CREDO   (María E. Sánchez, MJ noviembre 2088)

 

Creo en Dios Padre-Madre Todocompasivo Creador de todas las galaxias, los átomos y la vida toda.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, quien desde siempre era el Verbo, que asumió la historia humana en su propia carne y espíritu.

Creo que con pasión amorosa se ha identi­ficado

con cada uno de las mujeres y los hombres que han habitado

y habitarán el mundo creado.

Y quien como un don gratuito se encarnó en María de Nazareth.

Creo que asumió la historia desde sus en­trañas venciendo con su amor

el mal, el dolor y el poder de la muerte, hasta morir en una cruz,

asesinado por los poderosos de este mundo. Creo que resucitó acogido por la ternura infinita del Todo-

Creo que el amor de Dios Padre-Madre y

de Jesús es su Espíritu,

que se ha derramado sobre toda carne, que es generador de vida y que habla

proféticamente a través de los hombres y mujeres que lo

escuchan.

Creo en la comunidad cristiana,

red de seres vulnerables que, agradecidos,

acogen el don de la salvación

y se empeñan en construir la fraternidad

aquí y ahora. Creo que el testimonio de los primeros

discípulos se ha comunicado hasta nosotros.

Creo que el género humano y la creación

entera serán gloriosamente transfigurados.

 

PALABRA DE DIOS

Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en él. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Al que cree en él no se le juzga; el que no cree, ya está juzgado, por no haber dado su adhesión al Hijo único de Dios.

PARA ENTENDER LA PALABRA

Jesús habla con Nicodemo, maestro de la Ley, al que Jesús intenta iniciar en la nueva alianza de amor gratuito e incondicional del Pa­dre a todos. Alianza hecha realidad en el envío de su Hijo amado, hecho humano en Jesús. Alianza de vida y de salvación, no de juicio con­denatorio. Una vida plena, eterna en su realidad cualitativa e imperecedera en el tiempo.

Es una oferta gratuita y universal, de total generosidad, sin más exigencia que la de ser acogida en libertad. Si alguien es juzgado, lo será solamente por él mismo, por negar, con consciencia plena, su adhesión a Jesús y a su evangelio de salvación. No basta decirme: “¡Señor, Señor!”… hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo (Mt 7,21).

Lo fundamental y Fontal es el amor de Dios manifestado humanamente en Jesús y derramado por el Espíritu. Una relación personal de hijos del Padre en el Hijo Jesucristo por el Espíritu; que genera comunión/comunidad/familia de hermanos y hermanas; y que ha de expandirse hacia todas las personas, especialmente las necesitadas (pobres) de amor, justicia y dignidad. Un amor con Dios y con las personas de amistad íntima y en­trañable, y a la vez difusora de vida humanizadora y feliz.

Este amor de Dios en Jesucristo por el Espíritu no es una palabra, una doctrina o un sentimiento. Es el mismo Dios Trinitario dándose, abrazándonos en su propia comu­nión de vida y amor. Jesús nos une, nos hace un solo cuerpo con Él para compartir con nosotros su experiencia de Hijo amado del Padre: en Jesús somos hechos (adoptados) hijos en el Hijo. Es el Espíritu, el Amor que comparten el Padre y el Hijo, quien derrama el amor en nuestro corazón, que prorrumpe en la palabra más honda y tierna de un hijo a su padre: ¡Abba, Padre! (cf. Rm 5,5; 8,16).

Es una vida plena vivida en el amor, la confianza, la libertad, la justicia, la alegría, la paz…

La mayor dignidad humana imaginable es la de ser, reconocerse y vivir como hijo/a de Dios y reconocer/ser reconocido por los demás como hermano/a.

Esta conciencia de la dignidad personal propia y ajena está por encima de cualquier condicionamiento exterior, por negativo que sea. La conciencia de la dignidad de hijos de Dios y hermanos impulsa la reivindicación de la dignidad humana de todas las personas, especialmente de las empobrecidas y deshumanizadas. Un cristiano no tiene más remedio que tratar a todos como hijos de Dios y hermanos, hacer que todos vean reconocida su dignidad personal y alumbrar en ellos la conciencia y experiencia de ser hijos/as de Dios.

La verdadera prueba del amor de Dios es Jesús, el Hijo, enviado para dar vida y salvar. No es ésta una afirmación doctrinal o mitológica. Es la historia real de la vida de Jesús de Nazaret, el “hombre para los demás”. Jesús reflejó en su rostro el rostro mater-no/paterno de Dios; proclamó el proyecto de liberación, rehabilitación y reconciliación de parte del Padre; y realizó las obras del Padre de dar vida (luz, resurrección, dignidad, perdón, libertad, pan…).

Jesús nos amó hasta el extremo (Jn 13,1) de lavarnos los pies, como un esclavo; de sentarnos a la mesa para dársenos Él mismo en alimento, en comida y bebida, como ce­lebración real (sacramental) de su entrega a la muerte, por amor, en la cruz.

La prueba real que cada discípulo puede tener de este amor renovador es la expe­riencia personal de vida nueva, de verdadera resurrección, que vive desde el encuentro personal y comunitario con Jesús Resucitado.

La muerte por amor de Jesús estaba preñada de vida, que floreció en su resurrec­ción. Si Jesús, víctima de tan hondo fracaso humano, ha resucitado, quiérese decir que Dios toma en serio todas las vidas y todas las muertes como la de Jesús, portadoras de humanidad nueva y verdadera.

En la oración ha de haber un tiempo de quietud apacible y placentera, de receptivi­dad graciosa de la ternura amante de Jesús, el Padre y el Espíritu. Podemos, en ver­dad, descansar en sus brazos de amor, como verdaderos hijo/as del Padre, herma­nos/as de Jesús, encendidos en el fuego de amor ardiente del Espíritu.

Pero, como en el monte de la Transfiguración, no podemos quedarnos allí, ni mirando al cielo (He 1,11). Hemos de bajar a la realidad dura y cruda de la vida de la gente pa­ra verter el agua viva del amor, la libertad, la justicia y la dignidad, que mana del co­razón mismo del Dios Trinitario.

De una y otra manera, vivimos, celebramos y comunicamos la Vida/Amor del Padre en Jesucristo por el Espíritu.

ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA

Cada persona puede vivir y experimentar la felicidad del amor de Jesús, que le abre a la intimidad filial con el Padre y al amor fraternal. Es una experiencia personal y comu­nitaria de amor que el cristiano siente, goza y expresa en relaciones de misericordia, jus­ticia y solidaridad. Es la verdadera acción salvadora de Jesús.

Dios no es un misterio inabordable, una entelequia, un ser abstracto aburrido y frío. Dios es una fiesta de amor.

Tampoco es Dios una experiencia intimista e ilusa que sobrevuela unas condiciones deshumanizadoras de vida, sino la experiencia gozosa de la propia dignidad personal y de la conciencia compartida de la dignidad de todas las personas.

¡Si todos los cristianos/as viviéramos y promoviéramos la dignidad suprema e in­violable de las personas, cambiaríamos rápidamente el mundo!

Dios es una “danza gozosa de amor”. Para “expresar la comunión de vida y la ex-pansión de amor y ternura que acontece en el Dios trinitario, los Padres griegos acuñaron un término técnico, pericoresis, que evoca la danza de la Trinidad… el movimiento eterno de amor con el que vibran las personas divinas, la vida que circula entre ellas, el abrazo de amor en el que se entrelazan” (Fl. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra, ciclo A, 211).

Nacemos del amor divino a través del amor humano y estamos llamados a realizar la vida en el amor interpersonal como fruto y expresión del amor divino.

“En el fondo de toda ternura, en el interior de todo encuentro amistoso, en la soli­daridad desinteresada, en el deseo último enraizado en la sexualidad humana, en la en­traña de todo amor, siempre vibra el amor infinito de Dios” (Id).

La vida humana solamente se realiza en el amor. “Vivir, en última instancia, es en-trar en esa danza misteriosa de Dios y dejar circular su vida en nosotros” (Id, 212).

Para orar:

-          “Jesús es el gran icono de la desmesura del amor de Dios. Vamos a contemplarlo manifestándonos al Padre, revelándonos el nuevo rostro de Dios, creando inclusión, comunidad, inaugurando una manera nueva de vivir, amando hasta el fin, hacien­do luz en nuestra noche…” (Fl. Ulibarri, 213).

-          “Dejar circular la vida y el Espíritu de Dios entre nosotros… Si oramos en comuni-dad, nos agarramos las manos y en silencio sentimos lo que nos transmitimos y damos… Si oro solo, me siento unido a otras muchas personas, hermanos y herma­nas, que dejan circular la vida y el Espíritu de Dios” (Id).

“Jesús, Hijo del Padre, lleno de Espíritu Santo: Hoy, en nuestras comunidades, celebramos el misterio de Dios,

que tú identificabas como fuente de vida y bondad;

al que te sentías íntimamente unido como Hijo de su amor;

con quien compartías su Espíritu pacífico, absolutamente benévolo.

… Tu espiritualidad tenía como centro el Espíritu divino:

sintiendo por dentro el amor del Padre,

dedicándote a dar vida a los que no la tienen:

buena noticia a los pobres, vista a los ciegos, libertad a los cautivos y oprimidos. … Sintiéndonos habitados por tu Espíritu,

sentimos el amor incondicional de Dios,

percibimos tu presencia en toda persona,

nuestra vida se centra en dar vida, como hacías tú. Jesús, Hijo del Padre, lleno de Espíritu Santo:

abre nuestro corazón al Dios del amor y de la paz;

que tu gracia, tu amor desinteresado, habite en nosotros;

que la comunión del Espíritu Santo nos lleve a

abrazar y besar a todos con el beso santo, sincero, de amor divino”.

(Rufo González, Homilética 2011/3, 298-299)

De mayo a mayo   (Daniel Serrano, El País 19/5/11)

“Y en su libro Algo va mal, Tony Judt abona la tesis de que, tras la apariencia transgresora del Mayo francés y sus diversas derivadas, latía un libertarismo de derechas perfectamente asumible por el sistema, un ideario en sintonía con el más feroz capitalis­mo. O la defensa a ultranza de lo individual frente a lo colectivo; de la sociedad fragmen­tada en intereses diferenciados (las mujeres por un lado, los negros por otro, la juventud como valor en sí mismo…) frente al con­cepto de bien común; de la tolerancia (prohibido prohibir) entendida como un relativismo que impide toda confronta­ción real. Franco Battiato también aportó su verso clarificador: Las barricadas se alzan / por parte de la burguesía / que crea falsos mitos de progreso.

… Está claro. El 68 acabó y lo que ahora está naciendo es algo bien diferen­te. ¿Pero qué? Seguramente, aunque el miedo a las ideologías impida a los im­pulsores de esta revuelta llamar a las cosas por su nombre, se trata de reinven-tar una socialdemocracia que ha renun­ciado a un programa de mínimos. O di­cho con total simplicidad, que la izquier­da vuelva a reivindicar, sin complejos, la autonomía del Estado, de la sociedad civil, de los electores, ante los designios implacables de los mercados.

Porque si los jóvenes que ocupan las calles braman lo llaman democracia y no lo es lo hacen con la sospecha de que, al final, los grandes partidos tienen políticas económicas casi equivalentes. ¿No es cierto? No del todo. Pero admitamos que tampoco falta razón a los indignados”.

Benedicto XVI:   Discurso al Congreso sobre la Mater et Magistra, 16/5/11

“Pero no son menos preocupantes los fenómenos vinculados a unas finanzas que, tras la fase más aguda de la crisis, han vuelto a practicar con frenesí contratos de crédito que a menudo permiten una especulación sin límites. Fenómenos de especulación dañina se comprueban también con referencia a los productos alimentarios, al agua, a la tierra, acabando por empobrecer aún más a aquellos que ya viven en situaciones de grave preca­riedad. De forma análoga, el aumento de los precios de los recursos energéticos prima­rios, con la consiguiente búsqueda de energías alternativas guiada, a veces, por intereses exclusivamente económicos de corto plazo, acaba por tener consecuencias negativas so­bre el medio ambiente, además de sobre el propio hombre.

La cuestión social actual es sin duda una cuestión de justicia social mundial… Es, además, cuestión de distribución equitativa de los recursos materiales e inmateriales, de globalización de la democracia sustancial, social y participativa”.

SALMO 132

Ved qué bueno es, qué grato convivir los hermanos unidos.

Como ungüento precioso en la cabeza,

que va bajando hasta la barba, la barba de Aarón,

que va bajando hasta la franja de su vestidura.

Como rocío del Hermón

que va bajando sobre el Monte Sión.

Porque allí manda el Señor la bendición: vida para siempre.

COMENTARIO (Schöckel-Carniti)

El salmo suena como una bienaventuranza: la experiencia dichosa de la vida familiar es un aceite perfumado que lo aromatiza todo y rocío copioso refrescante en medio del bochorno.

Para expresar la fraternidad de la comunidad nacional y litúrgica, el aceite aromático es el de la unción del sumo sacerdote (según Éxodo 30,22-33), con el que se unge y consagra tam­bién la tienda y el arca, el altar y el candelabro y los utensilios del culto. El ungüento va des­cendiendo desde la cabeza hasta el pecho, desde el sumo sacerdote hasta el pueblo. El “pec-toral” llevaba engastadas, en tres filas de a cuatro, doce piedras preciosas, cada una con la inicial o las letras de cada tribu. La comunidad de tribus, como una joya compuesta de pie­dras diversas en unidad armónica. Sobre ella desciende el aceite de la unción sacerdotal.

El rocío del Hermón desciende prodigiosamente sobre la explanada del templo, donde se congrega la comunidad. Un rocío celeste, traído desde la más alta montaña al monte elegi­do por Dios: así ha de ser la hermandad de los israelitas.

Allí, al templo, a la comunidad de hermanos unidos, el Señor envía su bendición: bendición que es vida, vida duradera. Una vida fragante, húmeda y fecunda. El amor fraterno es una bendición que atrae bendiciones.

No os dejéis llamar señor mío, pues vuestro maestro es uno solo, y vosotros todos sois hermanos (Mt 23,8).

Por nuestro medio Cristo difunde por todas partes la fragancia de su conocimiento, por­que somos aroma de Cristo ofrecido a Dios (2Cor 2,14-15).

Celebremos y revisemos, a la vez, nuestra vida de comunión eclesial, en el equipo, en la HOAC, en la familia, con los vecinos, con los empobrecidos En cada persona se re-fleja el rostro de Dios, de Jesucristo, como imagen de Dios, hijo/hermano. El equipo hoacista es la comunidad de hermanos/as que nos ha dado el Señor (Francisco de Asís: el Señor me dio hermanos) para vivir la comunión y difundirla en las víctimas del mundo obrero.

 

“¡Mirad cuánta fecundidad y alegría

en la amorosa unión de los hermanos…!

Es el agua más reconfortante para los caminantes fatigados. Es el fuego más vivificador para los peregrinos de la noche.

Es el perfume condensado

Es el fruto más maduro del árbol del espíritu.

Es la plegaria con más fuerza para golpear el silencio de Dios. Es… ¡Dios mismo, hecho cercanía, vida y canción!

¡Mirad qué bendición de bendiciones

 

La Trinidad, principio y fundamento de toda comunión

La comunión de bienes:

Rovirosa considera como referente al Padre:

-  lo comparte todo con el Hijo

-  crea con espíritu de pobreza, siendo espléndido en sus dones

-  nos ha dado incluso a su Hijo, no se ha reservado nada En la base está la virtud de la pobreza.

La comunión de vida:

El referente es el Hijo:

-  todo lo que es lo ha recibido del Padre

-  no desdeña llamar hermanos a los que el Padre le ha dado

-“se despojó de su rango… se hizo uno de tantos…, obediente…” En la base está la virtud de la humildad.

La comunión de acción:

El referente es el Espíritu Santo:

-  no es sino el amor del Padre y del Hijo

-  es actuación del Padre y del Hijo en nosotros

-  alienta a los diferentes para una tarea común En la base está la virtud del sacrificio”.

(Vivencia de la triple comunión en Guillermo Rovirosa, mecanogr.)

POEMA-ORACIÓN (P. Casaldaliga)

AL CRISTO DE LA TRINIDAD

 

 

Tus manos sobre los Pobres, por Ti llegados a Dios

y acogidos en familia

de igualdad comunitaria.

 

Tus manos en las del Padre, corriente de un mismo Espíritu.

Trinidad venida a menos para hacernos todo a todos. Manos/Casa,

Llagas/Pascua,

 

¡Uno y nuestro!

¡Trinidad que nos arrastra

 

 

 

 

 

 

Alas/Vuelo,

 

 

Tus manos en cruz, tendidas hacia las manos del Mundo, orillas del Tiempo Nuevo, Camino, Verdad y Vida.

lucha adentro, Pueblo adentro, con el Hijo,

pobre Hermano,

también muerto!

 

El “cariño, la calidad y calidez de las relaciones,

la oferta gratuita y generosa de uno mismo es lo que permite a una persona

moverse por lo eterno de la existencia, por la plenitud del ser humano

(R. Becerril, Homilética 2011/3, 295)

Categorías:HOAC

Orar en mundo obrero Ascencio del Señor

 

 

 

 

 

 

 

ORAR EN EL MUNDO OBRERO

ASCENSIÓN DEL SEÑOR (5 junio 2011)

Fuente Acción católica Española

 

 

 

Fiarse de Jesús y abrirle la puerta provoca lo impensable:

una vida realmente glorificada

de paz integral, libertad radical, alegría estimulante, incluso navegando  travesías frustrantes o de muy agudo dolor. Quien cree de verdad en Jesús ya no tiene más remedio

que vivir siempre reclamado por su amor

en la comunidad de los hermanos/as y al servicio de los empobrecidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VER

 

Proyecto Hombre atiende al triple de personas con drogadicción (Dia- rio de León, 8/5/2011)

 

“Proyecto Hombre celebró ayer una jornada formativa dirigida a su voluntariado en Santibáñez de Toral… en lo que va de año, la fundación ha multiplicado por tres el núme- ro de personas con problemas de drogadicción atendidas. Un aumento que deriva direc- tamente de la crisis económica.

 

…  Por lo general, se trata de personas que han perdido poder adquisitivo y se dan cuenta de que tienen un problema de adicción. Es decir, consumidores de algún tipo de estupefaciente que con dinero pensaban que podían controlar su vicio”.

 

 

Siniestralidad laboral (Homilía. Delegación de Pastoral del Trabajo de Madrid,

28/4/2011)

 

“En Madrid cada cuatro días muere un trabajador. En lo que va de año se han pro- ducido más de 25.000 accidentes laborales, 33 de ellos mortales. ¿Qué pasaría si 33 tem- plos de Madrid hubieran sido destruidos en un año? ¿Qué diríamos si en el museo del Prado fueran dinamitadas 33 obras de arte? Pues eso ocurre con los accidentes laborales: y la vida de un trabajador es más sagrada que un Picasso. Ningún templo llega a igualar la dignidad de una vida humana”.

 

“En Madrid hay 111 inspectores de trabajo que realizan revisiones laborales. ¿Sabéis cuántos empleados vigilan los parquímetros?: 1.800. Y sería curioso saber cuántos rada-

 

 

 

 

res hay en las carreteras. Cuando queremos hay medios económicos y logísticos suficien- tes para vigilar 90 euros de una infracción de tráfico. Mientras siga siendo más barato pagar una indemnización (suponiendo que haya denuncia)  que poner medidas de segu- ridad, seguiremos sumando vidas a la lista negra de los accidentes de trabajo”.

 

“… hemos de sacar a la luz las muertes laborales, las víctimas y sus familias, porque la sociedad intenta ocultarlas, los Medios de Comunicación no las considera tanto como las de tráfico. Hemos de denunciar los mecanismos injustos que no previenen los acci- dentes laborales. A veces las empresas están tranquilas firmando unas pólizas de seguros que las libran de costear esas compensaciones, pero no hay dinero en el mundo que pa- gue el dolor de una familia cuando se produce una víctima laboral”.

 

 

La medida de nuestra ascensión con Jesús es la medida de nuestro descenso, tam- bién con Jesús, a los infiernos de la humanidad. Oremos mirando con Jesús a perso- nas concretas o colectivos humanos profundamente deshumanizados y a quienes se les arrebata de algún modo la vida.

 

Ofrezcámonos a Jesús. Ofrezcámosle nuestra alegría y nuestros sufrimientos. Bus- quemos solamente en Él la fuente de la paz, la esperanza y la alegría en medio de nuestras preocupaciones, angustias y enfermedades. Oremos con Valerio y otros en- fermos/as graves.

 

 

 

 

 

 

 

 

TESTIMONIO

 

ORACIÓN CON VALERIO

 

-   Señor, aquel a quien tú querías, está enfermo.

 

-    Esta enfermedad no es de muerte, es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella (Jn 11, 3.4)

 

Una vida esplendorosa que, de repente,

se convulsiona por el golpe de un hachazo que quiere tronchar el árbol lozano. Se enronquece la garganta,

se bloquea la mente, se enluta el corazón.

 

Pero,

no puede prevalecer la angustia y la desdicha, no cabe hundirse en la tiniebla,

nada de rendirse, pararse y dejar de servir a la comunidad,

ni renunciar tampoco a la comunicación y a la mesa con los amigos y amigas,

 

Porque

es ahora el mejor tiempo de la vida, la hora de compartir y darlo todo,

la hora del mayor amor tras una vida entera dedicada a amar.

 

¡Era cierto…! Esta enfermedad no es de muerte,

sino para tu gloria, Jesús,

–tu gloria, que es siempre y únicamente la vida feliz de tus amigos–,

 

 

 

 

y era necesario –es necesario– que Valerio padezca para entrar en la gloria de una ofrenda floral colmada de belleza

y preñada de frutos nutricios de vida para sí mismo y para todos.

 

Jesús de la Vida feliz en el amor:

tú resucitaste a Lázaro en y a esta vida, y ahora resucitas a Valerio:

le sostienes, le sonríes,

le consuelas, le enamoras,

le abrumas de caricias, besos, miradas, palabras, abrazos entrañables…

Es verdad que no estamos amenazados de muerte,

sino amenazados de vida plena y feliz, amenazados de resurrección

-como decía O. Romero que, como Jesús, dio su vida voluntariamente, para recuperarla-.

 

Jesús Resucitado y Resucitador:

Vivimos la comunión de vida y de amor contigo y con los hermanos y hermanas;

y, así, no ha de faltar a Valerio, ni a nosotros, la fe confiada en ti, que nos sacas de la postración de los sepulcros

para que veamos la luz;

desatas todas las ataduras, que nos paralizan,

y nos haces caminar, erguidos, al encuentro de los hermanos y hermanas.

 

En tu ascensión, Jesús,

ya nos elevas y enrolas contigo en tu gloria,

inmersos aún en la fragilidad y la neblina gris y enceguecida de aquí abajo.

 

¡Gracias por tal Amor, por tal Vida como la Tuya!

 

 

 

 

 

 

 

 

PALABRA DE DIOS

 

Mateo 28, 16-20

 

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte donde Jesús los había cita- do. Al verlo se postraron ante él los mismos que habían dudado. Jesús se acercó y les habló así:

 

Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id y haced discí- pulos de todos los pueblos, bautizadlos para consagrarlos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo.

 

 

 

PARA COMPRENDER EL TEXTO

 

Este breve texto, que cierra el evangelio según Mateo, presenta tres aspectos centrales:

 

 

 

 

-     el encuentro de Jesús con los discípulos en Galilea, donde los había citado;

 

-     el envío para continuar la misma misión evangelizadora de Jesús,  ahora de modo

a todos los pueblos (universalidad);

 

-     la presencia permanente de Jesús en la comunidad de los discípulos (la Iglesia).

 

En este encuentro, Jesús constituye y define a la Iglesia en su razón de ser y en su

 

identidad originaria como comunidad de discípulos y apóstoles al servicio de la evangeli- zación de toda la humanidad. El acontecimiento se reviste de gran solemnidad:

 

-     una convocatoria o cita expresa de Jesús;

 

-     en el monte de la nueva alianza;

 

-     en la Galilea de los gentiles, donde empezó y se desarrolló la misión evangelizado- ra de Jesús, que ahora los discípulos reciben el encargo  de reanudar, pero dirigida a toda la humanidad (a todos los pueblos);

 

-     los discípulos se postran ante Jesús, expresando su fe en él y aceptando la misión que les encomienda.

 

Es muy realista la alusión a la duda previa de los discípulos. La fe en Jesús es el único fundamento y la única fuente de la vida y misión de la Iglesia, una fe cribada por la duda y la prueba en todos los momentos de la historia. Una Iglesia o unos discípulos que, zarandeados por el oleaje de un ambiente en torno atosigante, solamente invocando a Jesús Señor y Salvador, pueden vencer el miedo y recuperar la calma (ver Lc 8,22-25). Es la apelación a una fe a toda prueba, a la confianza total en Jesús como actitud y fuerza imprescindible para la acción evangelizadora de humanización del mundo.

 

El envío dimana del pleno poder de Jesús y es continuación/participación de la misma misión de Jesús, que será el verdadero protagonista de la evangelización.

 

La misión consiste en hacer discípulos de Jesús, en vincular a las personas con

Jesús en una relación personal de encuentro y de seguimiento.

 

Por el bautismo, el que cree en Jesús se abre a la comunión de vida y amor del Pa- dre por el Hijo en el Espíritu. El discípulo de Jesús es inmerso en el misterio inefable del mismo Dios Trinitario. Es invitado a entrar y avanzar por el camino extraordinariamente feliz de la filiación, con Jesús, como hijo amado del Padre y como hermano amador de

 

 

 

 

todos (especialmente de los últimos) en el fuego ardiente del Espíritu. El bautismo es la única y verdadera  consagración.

 

Pero no se trata de una experiencia mística evasiva de la realidad, sino de guardar todo lo que Jesús nos ha mandado, es decir, de vivir , actuar y anunciar lo que Jesús vi- vió, hizo y anunció. Una vida, por tanto, según el modelo o norma de vida de Jesús. Los cristianos hemos de tener como referencia inolvidable al Jesús histórico, para actualizar en cada contexto socio-ambiental y en las situaciones de la vida personal las claves, valo- res, estilo y actitudes de la vida y el mensaje de Jesús.

 

 

LA ASCENSIÓN (León Felipe)

 

Y dexas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, escuro…

(fray Luis de León)

 

Aquí vino y se fue.

Vino…, nos marcó nuestra tarea

y se fue.

 

Tal vez detrás de aquella nube haya alguien que trabaja

lo mismo que nosotros, y tal vez las estrellas

no son mas que ventanas encendidas

de una fábrica

donde Dios tiene que repartir una labor también.

 

Aquí vino y se fue.

 

Vino…, llenó nuestra caja de caudales

con millones de siglos y de signos, nos dejo unas herramientas…

y se fue.

El, que lo sabe todo, sabe que estando solos, sin dioses que nos miren, trabajamos mejor.

 

Detrás de ti no hay nadie. Nadie.

Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón. Pero tuyo es el tiempo.

 

El tiempo y esa gubia

con que Dios comenzó la creación

 

 

Finalmente, la promesa de Jesús de estar con nosotros siempre, hasta el final de la historia, una verdadera promesa, una palabra empeñada, que cierra todo el evangelio. El caminar de la Iglesia en adelante será un caminar con Jesús en medio del curso de la his- toria.

 

 

Oremos desde nuestra fragilidad, comenzando por invocar a Jesús, como expresión de fe y a la vez petición de una fe más viva. La oración de invocación confiada  pro- duce un efecto real y a veces vivamente experimentado. ¡Cómo el Señor, en nuestros aprietos, estrés, impotencias, pecados… nos sorprende a veces con efluvios de gozo profundo, serenidad, liberación…!

 

Pero Jesús no nos quiere colgados de Él, pensando en Él todo el tiempo. Nos remite a la misión liberadora y humanizadora entre los hermanos/as pobres de tantas cosas y empobrecidos. Aunque no nos demos cuenta, siempre que estamos con los herma- nos y los empobrecidos estamos con Jesús, y Él nos sostiene, actúa y habla a través de nosotros.

 

 

 

 

ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA

 

Mateo no narra la ascensión de Jesús, que es un aspecto de su resurrección,  de su exaltación celestial a la diestra de Dios. Como en Mateo, también en Lucas la ascensión sella el ciclo de la experiencia originaria del encuentro de los discípulos con Jesús Resuci- tado y abre la era de la Iglesia y de su misión evangelizadora (que será inaugurada con la irrupción del Espíritu en Pentecostés): seréis mis testigos… hasta los confines del mundo (Hechos 1,8). Y el mismo Jesús previene a la Iglesia contra una “contemplación” del

Jesús celestial que eluda su encarnación liberadora en la trama de la historia: ¿Qué hac- éis ahí plantados mirando al cielo? (Hechos 1,11).

 

¿Cómo está Jesús presente entre los discípulos? Jesús esta presente “en los desgra- ciados (Mt 25,40), en los que llevan su palabra, en los cuales quiere ser escuchado (Lc

10,16)… en los que se unen para orar en su nombre (Mt, 18,20).

 

Pero Jesús no está solo presente entre los creyentes: está en ellos… (He 9,5); en efecto, vive en los que lo han recibido por la fe (Ga 2,20; Ef 7,17) y a los que alimenta con su cuerpo (1Cor 10,16s). Su Espíritu los habita, los anima (Rm 8, 9.14) y hace de ellos el templo de Dios (1Cor 3,16; 6,19; Ef 2,21-22) y miembros de Cristo (1Cor 12,12-13.27).

 

Por este mismo Espíritu vive Jesús en los que comen su carne y beben su sangre (Jn

6,56-57.63); está en ellos como su Padre está en él (Jn 14,19)… los discípulos tienen en sí

mismos el amor que une al Padre y al Hijo (Jn 17,26); por eso mora Dios en ellos (1Jn

4,12” (X. Leon-Dufour, Vocabulario Bíblico, Herder, 634).

 

Jesús asciende hasta lo más profundo de la persona humana.

 

Hay como dos sacramentos esenciales de presencia/encuentro con Jesucristo: los empobrecidos (vicarios de Cristo), en los que se verifica la autenticidad de la fe y el amor; y la comunidad de los hermanos, renovada constantemente en la eucaristía (la Iglesia es eucarística, vive de Jesús acogido y celebrado en la comunidad), que genera una verdadera comunión de vida, bienes y ac-

 

 

ción.

 

Los lugares de encuentro son definitorios de la realidad de la fe en Jesús. Esos lugares son la Galilea de los márgenes y las encrucijadas, el corazón periférico del mundo. El lugar de los crucificados es donde se encuentra el Crucifica- do fuera de la ciudad (Hebreos 13,12-14).

 

“El que ascendió al cielo… fue el que des- cendió y no dudó en hacerse el último de todos, el esclavo de todos (tomó la condición de escla- vo)… Su vida fue un exponente de la anti- ascensión: nació pobre y marginado; vivió ocul- to y alejado de los centros de poder; pasó haciendo el bien y juntándose con los pobres, los pecadores y con los que no tenían presencia ni relevancia social… vivió como un peregrino, sin techo, y murió como un apestado y rodeado de violencia humana.

 

… Sólo quien descienda sirviendo será ele- vado al cielo con Cristo” (Juan F. Herrero, Homilética 3/2011, 280).

 

 

 

 

Revoluciones e inmigración (Sami Naïr, El País 7/5/2011)

 

«La Comisión de Bruselas acaba de aceptar revisar las reglas del espacio de Schen- gen para la libertad de circulación dentro de la Unión Europea. La danza del vientre a la que se han entregado Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi en lo que respecta a la “inva- sión” de los inmigrantes tunecinos desde hace cuatro meses tiene algo que ver con eso. No merece que nos detengamos en ella, de tan escandalosa que es desde el punto de vista político y humano. El cambio revolucionario en Túnez como en Libia provoca efectiva- mente la huida de las poblaciones. Hay aquí dos cuestiones estrechamente relacionadas: la del derecho de asilo y la de la inmigración de trabajo. Pero esta “invasión” no va preci- samente en el sentido que se dice: más de 650.000 personas han huido de Libia; si sigue el conflicto, se esperan más de un millón de personas de aquí al verano. Túnez, que ahora está implicada en la guerra por Gadafi, ya ha recibido más de 500.000 refugiados por una población de 10,2 millones de habitantes y un PIB en caída desde la revolución, una tasa de desempleo superior al 30%, una situación de decrecimiento grave y una inestabi- lidad en cuanto a la  seguridad peligrosa para la democracia naciente. Europa, con una población que supera los 520 millones de habitantes, un PIB 10 veces superior al de los países de la ribera sur del Mediterráneo, ha tenido que gestionar, aunque por supuesto en el estruendo mediático y los resabios de racismo de Estado… ¡26.000 tunecinos!

 

En Túnez, lo he visto con mis propios ojos, los refugiados son acogidos por las po- blaciones fronterizas, alimentados, invitados a dormir en las casas mientras esperan so- luciones. El primer  ministro Beyi Caid Esebsi, me dijo, tal cual, durante una charla: “¿Qué quiere usted? tampoco vamos a abandonarles sedientos y hambrientos en el de- sierto” (Túnez, 25-4-11). Por supuesto,  esta  situación no puede durar, es insoportable para Túnez. Pero no vemos comedia histérica alguna a costa de los extranjeros, animosi- dad alguna en el comportamiento de la población».

 

 

Túnez, Egipto, Libia, Siria, Yemen… todo un reguero de lucha por la libertad cuajada de muertos, refugiados y emigrantes. Y, aún así, ¡les cerramos las puertas de nuestra sociedad acomodada y amurallada! Oremos con tantas víctimas lejanas y cercanas.

 

 

 

Oremos con la Iglesia y por la Iglesia que, aún siendo tan cerrada, corrupta y sujeta a falsas seguridades, es un signo real

de la fiesta de amor y justicia que Jesús inauguró en la tierra y con- tinúa celebrando en distintos luga- res y de diversas maneras

 

 

“Hace falta puntualizar en primer

lugar que la identidad de la Iglesia no la

´construimos`: la identidad de la Iglesia

–así como la identidad personal de cada uno  de nosotros- la recibimos y la cele- bramos.  Por esto, la Iglesia no es en primer  lugar ´una institución` si- no un sacramento, una fiesta, un sig- no escatológico, un espacio de gratuidad, una maravilla, un milagro de amor. Jesús no  instituyó la Iglesia (¿cómo se puede

´instituir` un milagro?). Jesús hizo posi- ble   el   espacio  existencial  comunitario para la humanidad que la Iglesia recono-

 

 

 

 

ce y celebra como casa propia de todos los hombres y mujeres, especialmente de los po- bres. La Iglesia es el cuerpo de Cristo” (Teresa Forcades, Iglesia Viva 245-2011, 52).

 

“Conviene incluso tener muy en cuenta que la crisis (de la Iglesia), siendo grave, no mata la vida de una Iglesia que, a pesar de todo, está llena de iniciativas grupales e individuales, con fuertes e incansables rachas de espíritu profético, con presencias ejem- plares en los márgenes de la sociedad, con un continuo hervir de vivencias religiosas de calidad muy profunda…, incluso, en muchos creyentes, con un talante de libertad evangé- lica que nada tiene que envidiar a lo más vivo de la sociedad actual” (A. Torres Queiruga, Iglesia Viva 245-2011, 22).

 

 

 

SALMO 23

 

 

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

 

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.

 

Este es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra.

 

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.

 

 

Tenemos derecho a proclamar el salmo como cortejo que acompañamos a Jesús, rey de la gloria, en la medida de nuestra opción efectiva por la inocencia de manos (nues- tras obras) y corazón (nuestras intenciones y actitudes), la no-confianza en los ídolos de todo lo que pueda encerrarnos en la prisión de nuestro egoísmo autosuficiente y

la no falsedad infiel contra el prójimo, que reclama justicia y solidaridad. Este creyente vive la experiencia gozosa de la bendición personal de Dios, que le hace justicia, le hace justo, le justifica, llenándole así de felicidad.

 

 

 

COMENTARIO (N. Quesson)

 

Yahvé, el Dios creador del universo, Yahvé Rey viene procesionalmente a tomar pose- sión de su casa y de su ciudad.

 

Pero ¿cómo reina Dios? Son los comportamientos morales de las personas los que hacen reinar a Dios. Un corazón puro, manos inocentes, libres de los ídolos, leales al prójimo, buscadores de Dios y de su voluntad… Esas personas construyen el Reino de Dios en sí mismas y en la sociedad.

 

Una vez Jesús aceptó personificar el papel de Rey que describe el salmo. Es la entra- da mesiánica en Jerusalén, aclamado como “Hijo de David, Rey de Israel” (Jn 12,13). Ante Pilato, Jesús reivindica este título: “Yo soy Rey” (ver Jn 18, 33-37). Y Jesús, irónicamente, es reconocido como Rey en el letrero de la cruz: “Jesús Nazareno Rey de los judíos” (Jn

19,19). El trono real de Jesús es la cruz, es decir, su amor infinito, su amor crucificado.

 

Jesús sube al cielo, exaltado por la resurrección a la derecha de Dios (He 2,34; Rm

8,34; Ef 1, 20s; 1Pe 3,22), donde señorea como rey (Ap 1,5; 3,21; 5,6; 7,17). Jesús es el “Se-

ñor de la gloria” (1Cor 2,8).

 

¿Quién puede subir al monte del Señor? Seremos juzgados sobre el amor (Mt 25, 31-46).

 

 

 

 

No basta decirme: “¡Señor, Señor!”, para entrar en el Reino de Dios; no, hay que

 

poner por obra el designio de mi Padre del cielo (Mt 7,21). Es necesario acoger, vivir y rea- lizar el proyecto de Dios para la humanidad.

 

 

ORACIÓN-POEMA (Fl. Ulibarri, Conocer…, 198-199)

 

HACED DISCÍPULOS

 

 

 

 

Haced discípulos míos, no maestros;

haced personas, no esclavos;

haced caminantes, no gente asentada;

haced servidores, no jefes. Haced hermanos.

 

Haced creyentes, no gente creída;

haced buscadores de verdad, no amos de certezas;

haced creadores, no plagistas; haced ciudadanos, no extranjeros. Haced hermanos.

 

Haced poetas, no pragmáticos;

haced gente de sueños y memoria, no de títulos, arcas y mapas;

haced personas arriesgadas, no espectadores. Haced hermanos.

 

Haced profetas, no cortesanos;

haced gente inquieta, no satisfecha;

 

haced personas libres, no leguleyas; haced gente evangélica, no agorera. Haced hermanos.

 

Haced sembradores, no coleccionistas;

haced artistas, no soldados;

haced testigos, no inquisidores;

haced amigos de camino, no enemigos. Haced hermanos.

 

Haced personas de encuentro, con entrañas y ternura,

con promesas y esperanzas, con presencia y paciencia, con misión y envío.

Haced hermanos.

 

Haced discípulos míos;

dadles todo lo que os he dado;

descargad vuestras espaldas y sentíos hermanos

 

“Esta realidad (sufriente)

es el altar donde nos encontramos con Jesucristo muerto y resucitado,

que es el Dios que acompaña a la historia

y que está presente en las entrañas de la realidad y de cada persona, que es víctima con las víctimas,

rostro sangrante con los empobrecidos del mundo del trabajo”

 

(Cuaderno HOAC 4, ¡Justicia para el mundo obrero empobrecido!,  2011, 25-26)

Categorías:HOAC

Orar en el mundo obrero 6a semana de Pascua

C. Permanente HOAC                     Orar en el mundo obrero                         6ª semana de Pascua

http://hoacorihuelaalicante.blogspot.com/p/centros-de-la-hoac-de-orihuela-alicante.html

ORAR EN EL MUNDO OBRERO

6ª SEMANA DE PASCUA (29 mayo 2011)

Jesús nos habla hoy con el corazón traspasado de amor. Nos inunda de su Espíritu, que nos hace, en Jesús y como Jesús,

hijos del Padre y hermanos.

Esta comunión desbordada de amor divino,

que embriaga nuestro amor humano,

es la máxima aspiración de felicidad personal

que podemos soñar y gozar.

VER

«¿Cómo creen que se encuentra hoy Juan Urbano, siendo como es filósofo y del Re­al Madrid? Pues igual que ayer, es decir, tan abatido que mientras camina por la calle de Alberto Aguilera podría desatarse los zapatos tirando de los cordones con los dientes. Porque en estos momentos es un hombre noqueado que lo único que repite es “Alí Barça y los 40 ladrones, Alí Barça y los 40 ladrones, Alí Barça y los 40 ladrones…” Ya lo ven, a mí el fútbol me encanta pero no me importa, mientras que a él le deprime tanto perder que siempre encuentra injustas las derrotas.

“Ahí estaba la Cibeles por si acaso ganábamos”, dice, y eso me hace pensar en el modo en que el deporte es el último reducto de la alegría en los países en horas bajas. Antes las calles se llenaban para protestar por algo, para combatir, por ejemplo, algún ataque a los derechos de los trabajadores o algún abuso de poder de los gobernantes, y ahora solo se llenan para celebrar un Mundial o una Copa de Europa, es decir, que hemos cambiado las banderas por camisetas y el no nos moverán por el oé, oé, oé, lo cual segu­ramente significa algo» (Benjamín Prado, El País 05/05/2011).

Oremos dirigiendo una doble mirada: a cómo nos entretenemos a veces en superficia­lidades que nos entretienen y gastan nuestras energías, diluyendo nuestra atención y dedicación a las personas, especialmente a las que más sufren; y bendigamos al Señor por los gestos de solidaridad y verdadero amor que hacemos. Cantemos el amor de Dios que nos provoca al amor real y vivo a las víctimas de la injusticia, la enfermedad y la muerte indebida.

TESTIMONIO

Narrar experiencias de resurrección (Diálogo compartido en la Reunión de Consiliarios de Andalucía en Antequera, 30 abril 2011)

En Jaén, A. Ugarte (el consiliario), cuando muere un trabajador en accidente labo­ral, se hace presente, participa en la eucaristía. La HOAC convoca a una concentración en el pueblo del muerto. Se visita a la familia juntamente con miembros de otras familias que han padecido la misma situación.

En Granada y en Motril cada mes se celebra una eucaristía, seguida de una concen­tración, cada vez por un determinado colectivo de víctimas de la crisis.

Vuestro culto está vacío. No basta pedir por la crisis, sino poner nombre a situacio­nes concretas. La acción social en la realidad del mundo obrero unida a la Formación, la Espiritualidad.

“El contacto directo con las víctimas es espeluznante. Nos desmonta”.

VIVES EN EL PAN (V. Manuel Arbeloa)

Vivesel pan roto y compartido. Vives en la copa redonda de vino. Banquete de pobres. Botín de mendigos. Compañero fiel, amigo entre amigos. Vestido de vientos y sol de domingo, moreno de viñas, y hermoso de trigos. Muerto por los hombres y en los hombres vivo. Cuando nos juntamos te abrimos caminos  y vienes y pasas alegre y activo por todas las cosas por todos los sitios. Cantamos tu muerte: el definitivo triunfo de la vida por mundos y siglos. Cantamos la muerte fatal del destino. Cantamos la fiesta final del sentido.Vives en el pan roto

 

PALABRA DE DIOS

Juan 14, 15-21

“Si me amáis, guardaréis los mandamientos míos, y entonces yo pediré al Padre que os dé otro abogado que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo percibe ni lo conoce; voso­tros, en cambio, lo conocéis, porque vive ya con vosotros y está en vosotros.

No os dejaré desamparados: volveré. De aquí a otro poco el mundo no me verá más; vosotros sí me veréis, pues de la vida que yo tengo viviréis también vo­sotros: aquel día conoceréis que yo estoy con el Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

PARA COMPRENDER EL TEXTO

El amor es el centro de todo. Es el amor de Jesús, que nos da su Espíritu y nos abre al amor del Padre.

El amor de Jesús es la donación y comunicación de sí mismo, de su vida: de la vida que yo tengo viviréis también vosotros. Y la vida de Jesús es la vida del Padre. Por lo tanto, entramos en la vida íntima de Dios, en la comunión en Jesucristo con el Padre por el Espíritu: conoceréis que yo estoy con el Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Es un conocimiento no intelectual, sino de experiencia viva de comunión y encuentro.

Es la relación personal de amor más honda: de revelación por parte de Jesús (lo amaré y me revelaré a él) y de ver por parte del discípulo (el mundo no me verá más, vosotros sí me veréis). Una relación, pues, que es puro don y gracia de Jesús. Una expe­riencia de encuentro íntimo con Jesús que va unida a la experiencia del Espíritu: lo co­nocéis, porque vive ya con vosotros y está con vosotros. En realidad, es una única expe­riencia de unión con Jesús inducidos por su Espíritu.

Pero el amor se expresa y se realiza en guardar los mandamientos de Jesús, es de­cir, en practicar la misma vida de Jesús: ser como Jesús, sentir, pensar y hacer como Jesús. Los mandamientos no son leyes o normas externas, sino concreciones del amor de Jesús y a Jesús. Son intrínsecos a la vida de unión e identificación con Jesús, manifesta­ción del vivir con Jesús.

El único verdadero mandamiento es el mandamiento nuevo, el mandamiento ori­ginal de Jesús: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 14,34). Es decir, que nos amemos en el amor mismo de Jesús. Solamente podemos amar el amor. Amor pro­duce amor.

En este discurso de despedida, Jesús no nos deja un testamento que nos remita al pasado sino que nos encarga una tarea a realizar: la tarea única de amar como Él, desde la alianza o vinculación permanente con Él.

Este amor no es obra y acción nuestra sino de Jesús a través de su Espíritu:

-        Es el Espíritu de Jesús quien anima toda nuestra vida. El Espíritu es “defensor, in-tercesor, asistente, protector, maestro, pedagogo, ayudante, sustentador, abogado, procurador y, sobre todo, animador e iluminador de la fe” (Fl. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra, ciclo C, VD, 190).

-        Es el mismo Espíritu que condujo y sostuvo a Jesús a lo largo de toda su vida, des­de su concepción en el seno de María, pasando por el bautismo, el desierto y el comienzo de su misión en la sinagoga de Nazaret, hasta su muerte.

En su muerte, Jesús entregó el espíritu (Jn 19,30). De su corazón traspasado salió sangre y agua (Jn 19,34), el agua del bautismo y la sangre de la eucaristía, es decir, la vida misma de Jesús donada para la vida de todos.

Acojamos a Jesús, invocando a su Espíritu. Pongamos los ojos en Jesús. Dirijamos la mente y abramos el corazón a su Espíritu. Nos lanza dardos de ternura. Susurra en nuestros oídos sones de paz. Nos embarga de alegría íntima. Nos conduce a Jesús, el Amigo del alma. Unidos a Jesús, nos envuelve el abrazo entrañable del Padre. Así, nos enlazamos todos como hermanos y hermanas. Nos enlazamos con quienes no nos entendemos, no empatizamos, no nos co-respondemos. Sobre todo, abrimos el co­razón y damos la mano del compartir y de la solidaridad efectiva a las víctimas de tan­to abuso laboral y social.

ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA

Jesús está presente en la comunidad cristiana y en cada cristiano. Es una presencia personal, interior, íntima, una verdadera experiencia de amor

Quedan superadas las mediaciones externas de tipo legal, ritual o doctrinal. Las normas, ritos y teologías cristianas son expresión, celebración y dinamización de la pre­sencia liberadora y humanizadora de Jesús en nosotros.

El cristiano vive identificado con Jesús y transfigurado por su Espíritu. Es Jesús quien vive en él. El cristiano transparenta el corazón, el rostro y la mirada, los gestos y las palabras del mismo Jesús.


El Espíritu es quien anima y reanima, ilumina, fortalece, renueva y recrea la vida de la Iglesia y de cada cristiano. Es agente de renova­ción y creatividad continua. A nivel personal, es fuente de verdadera libertad para la disponibi­lidad, el amor, la acción constructiva eclesial y la implicación en la transformación de la reali­dad social. A nivel eclesial, el Espíritu invita a romper sistemas y concepciones cerradas y ob­soletas e impulsa no solamente a abrir las puer­tas y ventanas de la casa eclesial para que la gente entre en ella, sino a plantar la tienda (eclesial) en la plaza del mundo al servicio de los pobres y oprimidos (como hizo Jesús).

“Antes se decía que el cristiano era un soldado sometido a la ley cristiana. Quizás sea más exacto decir que el cristiano es un artista. Una persona que bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu, aprende el arte de vivir con Dios y para Dios” (Fl. Ulibarri, 192), con las personas y para las personas, con y para las personas empobrecidas.

D. Bonhöeffer

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo que salía del encierro de mi celda sereno, alegre, con firmeza, cual hacendado de su rural vivienda.

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo cuando hablaba a mis guardianes libre y amigable, claramente, como si fuese yo quien diera las órdenes.

¿Quién soy yo? También me dicen que soportaba los días de infortunio tranquilo, sonriente, dignamente, como acostumbrado a ganar siempre.

Pero ¿soy realmente lo que otros dicen que soy?

¿O soy solamente lo que yo mismo conozco de mí,

inquieto y anhelante y enfermo, cual pájaro enjaulado,

luchando por respirar, como si unas manos

me oprimieran la garganta,

suspirando por los colores, las flores, el canto de los pájaros,

sediento de palabras cariñosas, de compañía,

moviéndome agitado, a la espera de grandes acontecimientos,

temblando impotente por amigos infinitamente alejados,

cansado y vacío al orar, al pensar, al actuar,

débil y presto a despedirme de todo?

¿Quién soy yo? ¿Éste o el otro?

¿Soy una persona un día y otra al siguiente?

¿Soy las dos al mismo tiempo? ¿Soy un hipócrita ante otros y ante mí mismo un infortunado y despreciable cobarde? ¿O hay algo aún en mí parecido a un ejército vencido que huye desordenado de una victoria ya alcanzada?

¿Quién soy yo? De mí se burlan estas solitarias preguntas mías. Quienquiera que yo sea, tú lo sabes, oh Dios, soy tuyo.

Seguro que lo que los compañeros de prisión veían en D. Bonhöffer era real: vivía transfigurado por la gracia del amor de Dios, que le confería libertad, fuerza, sereni­dad, paz, amor Pero la gracia (como él mismo decía) no es barata, no encubre ni su­prime la búsqueda, el miedo y la angustia. Así le sucedió al mismo Jesús a todo lo lar­go de su misión (no solamente en Getsemaní). A Pablo, aquejado de una espina cla­vada en la carne, le decía el Señor: Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debili­dad (2Cor 12,9). Es el sufrimiento convertido en crisol de un mayor amor y de una más honda felicidad. Esto quizás no se entienda con la cabeza; solamente se podrá pedir y experimentar como gracia.

La tristeza según la Pascua   (Lucía Ramón, Cristianismo y Justicia)

“En una cultura que busca atajos ante cualquier dolor, que no nos enseña a respetar los tiempos de duelo, que nos acostumbra a vivir en la epidermis como consumidores de experiencias, los relatos pascuales son una interpelación para vivir y sentir la vida de otra manera. Afrontan la cuestión del sufrimiento como parte sustancial de la vida, también de la vida espiritual. Como ámbito de revelación en el que puede irrumpir la esperanza cuan­do el dolor inevitable no se elude, cuando se encara desde el amor y desde la búsqueda ra­dical de sentido.

En ese horizonte hay que situar las lágrimas de María Magdalena. La discípula va­liente que va a hacer duelo ante la tumba del Maestro –la expresión más terrible que pueda imaginarse de sus esperanzas sepultadas– y se encuentra con Jesús Resucitado. Dice la teóloga alemana Dorothee Sölle que quien tiene hambre y sed de justicia atraviesa necesa­riamente periodos en los que está completamente exhausta, llena de tristeza y de dolor.

A menudo el Espíritu nos conforta y nos lleva a la verdad por medio de las lágrimas. Hemos olvidado pedir al Espíritu por el don de las lágrimas, que es esencial para sacar fue­ra lo que está dentro y hacerlo visible y audible. Vivir sin lágrimas es la expresión de una cultura que es incapaz de experimentar y expresar sentimientos profundos. En cambio, con-sentir –admitir y compartir con otros– nuestra tristeza y nuestros sufrimientos en Dios y abrirnos al dolor de Dios por los que más sufren, es el camino que Jesús, la divina Sofía, nos ha enseñado para resucitar, para hacernos más divinos, más humanos”.

Era una primavera lluviosa. El tenue peso de las gotas caía sobre el ala indefensa de un gorrión herido que a la orilla del río intentaba inútilmente el vuelo. Con los ojos cerrados

Los niños protegidos

por el dintel sonoro de la infancia

reían contemplando su lucha con la muerte.

(Nosotros no sabíamos

nada de muerte ni de lucha, sólo

habíamos aprendido

Y, de pronto, pensé, por qué no hacerlo.

Como si fuera yo quien se mojara

–tan tierno e indefenso como él–

corrí en su ayuda, lo tomé en mis manos

–era algodón mojado– lo apreté contra el pecho,

le soplé con mi aliento entre las plumas

y con las alas vírgenes de lluvia

CARTA DE DIOS (Rafael de Andrés, “Dios, de incógnito”, mecanogr. 132, 139)

Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente (Salmo 139,1). Sé cuándo te sientes y cuándo te levantas (S 139,2). Todos tus caminos me son conocidos (S 139,3). Aun tus cabellos los tengo todos contados (Mt 10,29-31). Porque fuiste creado a mi imagen y semejanza (Gn 1,27). En mí vives, te mueves y existes… Porque linaje mío eres (He 17,28). Antes que te formase en el vientre te conocí (Jr 1,4-5). Fuiste predestinado conforme a mi propósito (Ef 1,11-12). En mi libro estaban escritos tus días (S 139,16). Tu creación fue maravillosa (S 139,14). Yo te hice en el vientre de tu madre (S 139,13). Te saqué de las entrañas de tu madre (S 71,6). Soy la manifestación perfecta del amor (1Jn 4,16). Tú eres mi hijo y yo soy tu PADRE (1Jn 3,1).

Te ofrezco mucho más de lo que podría darte tu padre terrenal (Mt 7,11). Porque yo soy el Padre perfecto (Mt 5,48).

Toda buena dádiva que recibes viene de mí (Sant 1,17).

Porque yo soy tu proveedor, que cubre tus necesidades (Mt 6, 31-33). Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza (Jr 29,31). Porque te amo con amor eterno (Jr 31,3).

Mis pensamientos sobre ti se multiplican más que la arena de la orilla del mar (S 138, 17). Nunca me volveré atrás de hacerte bien (Jr 32,40). Tú eres mi especial tesoro (Ex 19,5). Deseo afirmarte de todo corazón y con toda el alma (Jr 32,41).

Y te quiero mostrar cosas grandes y ocultas que tú desconoces (Jr 33,3).
Me hallarás, si me buscas de todo corazón (Dt 4,29).

Deléitate en mí y te concederé las peticiones de tu corazón (S 37,4).

Porque yo inspiro tus deseos (Fil 2,13).

Yo puedo hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que tú pides o entiendes (Ef 3,30).

Porque yo soy quien más te alienta (2Tes 2,16-17).

Soy también el Padre que te consuela en todos tus problemas (2Cor 1,3-4).

Cuando tu corazón está quebrado, yo estoy cerca de ti (S 34,18).

Como un pastor lleva en sus brazos a un cordero, yo te llevo cerca de mi corazón (Is 40,11).

Un día enjugaré toda lágrima de tus ojos…Y quitaré todo el dolor que has sufrido en esta

tierra (Ap 21,3-4).

Si recibes el regalo de mi Hijo Jesucristo, me recibes a mí (1Jn 2,23).

Y nada te podrá volver a separar de mi amor (Rm 8,38-39).

Vuelve a casa y participa en la fiesta más grande que el cielo ha celebrado (Lc 15,7).

Siempre he sido y por siempre seré tu Padre (Ef 3,14-15).

Mi pregunta es: ¿quieres ser mi hijo? (Jn 1,12-13)

Aquí te espero (Lc 15,11-32).

Te he dado a conocer mi amor en Jesús (Jn 17,26).

El es la imagen misma de mi sustancia (Hb 1,3).

Él vino a demostrar que yo estoy por ti y no contra ti (Rm 8,31).

Y para decirte que no tomaré en cuenta tus pecados (2 Cor 5,18)
Porque Jesús murió para reconciliaros (1Cor 5,19).

Su muerte fue mi máxima expresión de amor por ti (1Jn 4,10) Entregué todo lo que amaba para ganar tu amor (Rm 8,31-32).

Si recibes el regalo de mi Hijo Jesucristo, me recibes a mí (1Jn 2,23). Y nada te podrá volver a separar de mi amor (Rm 8,38-39).

Sí, dejémonos abrumar por el amor de Dios, tan exuberante, eterno, íntimo, cargado de promesas de esperanza para nosotros, para todos, para los abandonados y exclui­dos de la sociedad. Nadie nace, vive y muere en el olvido de Dios, sino que todos es­tamos acogidos en la mente y en el corazón de Dios. Un amor tan inabarcable y des­bordante, que está llamando a quienes hemos sido agraciados con su experiencia personal y comunitaria, a que los irradiemos a nuestro alrededor: nuestro amor humano es sacramento del amor de Jesús hoy a quienes carecen de amor, de vida digna y feliz.

Guillermo Rovirosa (Carta a Mosén Insa, 8/10/57)

“Primero y siempre Amor de Cristo, que se manifiesta, no en la limosna en cualquie­ra de sus formas (la limosna en cualquiera de sus formas y tal como se practica, rarí-simamente es Caridad cristiana, ya que ésta exige DAR previamente al otro toda la dignidad de Cristo y ponerse interiormente a sus pies…), sino en la amistad, con to­das las exigencias humanas que esta palabra lleva consigo. Cuando seáis amigos, el hablar de Cristo será una necesidad, y se recibirán tus palabras como recibe la lluvia la tierra sedienta”.

… DARÁN MUCHO FRUTO (FRATER)

Si tus ojos no se cansan de buscar todo lo bueno que hay en los otros

y reparten sin parar sonrisas de amistad… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tus brazos están como dormidos de tanto aguantar brazos frágiles,

brazos envejecidos, brazos cansados… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tus oídos están constantemente atentos al llanto del que sufre,

al gemido del enfermo, al silencio del que se siente solo… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tus pies no paran de ir de un lado para otro,

buscando siempre que los pies de otros puedan descansar… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tu tiempo se hace corto o inexistente de tan larga que has hecho la lista

de servicios que quieres hacer a los otros… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu buen nombre ha sido manchado por la envidia, por desprecio,

por incomprensión… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu tiempo libre es libre para los otros y ocupación para ti,

descanso para los otros y agotamiento para ti… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu oración mira al Padre y habla de todos los hermanos y de sus luchas

y dificultades y no tiene tiempo de hablar de ti… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu corazón va acelerado de ternura, de perdón, de amistad, de detalles,

de sencillez, de bondad… DARÁ MUCHO FRUTO.

“Un corazón solitario no es un corazón”

(A. Machado)

Categorías:Accion Catolica, HOAC
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